Jueves, 8,30 h, cita con un blanco, de nombre Azal, y del año 2009. Se presenta en una botella bordelesa con una etiqueta atrayente y envolvente, de color blanco plateado con su nombre en vertical y letras negras, a juego con la contraetiqueta y la cápsula. Corcho conglomerado serigrafiado con el año del jovenzuelo.
Empezamos a conocernos. A primera vista, posee un color amarillo pálido, con irisaciones y destellos verdes, como corresponde a su edad. En copa se muestra denso y alegre, tanto, que las lágrimas anchas y lentas que derrama no son de tristeza, sino de juventud y rebeldía.
En nariz resulta un vino espléndido con gran potencia aromática, apareciendo en primer lugar los aromas a bollería, entremezclados con cítricos, frutas blancas y notas florales, con un fondo a miel y a frutos secos como almendras y avellanas. Ciertamente es un joven atrevido, osado, incitador al deseo que te atrae con su perfume embriagador. E intentas acercarte más y más, sus encantos han empezado a enturbiar tu mente.
Cuando entra en la boca, su frescura te golpea e irriga todas tus papilas. Te grita y te susurra a la vez, es carnoso, sedoso, con una acidez presente que no molesta, sino todo lo contrario, muestra todo su desparpajo de juventud. Mantiene su intensidad, con sabor a cítricos, manzana verde y unos toques salados a agua de mar. Pese a su juventud, es un vino que te sigue sorprendiendo hasta el final, dejándote un postgusto medio.
Un encanto de vino, cercano y expresivo, joven y aguerrido, que perfectamente nos puede hacer pasar una velada inolvidable a la luz de la luna, acompañando, por ejemplo, a unas vieiras al gratén…
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