Desde 1998, Malartic-Lagravière ha recuperado todo su prestigio de Grand Cru Classé : después de añejarse en botella, sus blancos expresan perfectamente el carácter del terruño. De color oro pálido, el 2002 huele a mantequilla fundida, a cera de abeja y a flor de acacia. En boca, se presenta graso, untuoso, equilibrado, de mediana longitud pero con placenteras notas de duraznos cocidos, de avellanas molidas y de crema de almendras. Lo malo es que se disparan los precios. ( PVP : 27 € )
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