Su color no engaña, color de cereza cocida tan típico de los tintos de larga crianza. En nariz tampoco sorprende con sus aromas potentes y elegantes de tarta de frutos rojos, de cuero nuevo y de piel mojada : no cabe la menor duda, respiramos un perfume de gran Rioja que tantas veces hemos respirado con delicia. En boca, reconocemos el estilo peculiar de La Rioja Alta : la textura tan sedosa, la profundidad de los sabores - guindas en licor, madera vieja, tierra movida - puestos de relieve por una magnífica acidez ( volátil : 0,91 g/l. ), el equilibrio magistral, la longitud y el frescor en el paladar.
Las añadas se suceden y se parecen : pisamos terreno conocido.
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