La última que probé encerraba a pesar de los años un mundo misterioso de aromas y sabores.
Entramos en otra dimensión, la de unos vinos únicos, los grandes de Mosel-Saar-Ruwer. Catamos dos pagos diferentes Wiltinger Kupp en su añada 76 y Eitelsbacher Marrienholz añada 89. Diferenciando que este Beernauslese del 76 ha alcanzado lo que muy pocos logran es subsistir en el tiempo, tener aún mucho más recorrido y lograr la elegancia y la emoción al que lo catan. En nariz se muestra con enorme elegancia que se reproduce en una inusitada finura en boca, férreo carácter cítrico con tintes maduros, aromas de la serie empiremáutica van emergiendo, junto a notas dulces y balsámicos de menta e hierbas finas. En boca su acidez es exquisita por su integración, soporte y vida a un vino de tan sólo 9 de graduación alcohólica, fresco y graso. Un vino para soñar.
Armonía Canutillo cremoso de salchichón de Málaga con Wiltinger Kupp 1976 y con Eitelsbacher Marienholz 1989 ( la máxima expresión de un riesling) dos reliquias que supieron someterse a la presión de ese plato tan particular.
Tal como nos explicó Sr. Samuel Perea con su cocina de origen, estos canutillos, su sabor eran muy parecidos a la masa utilizada para hacer los típicos churros malagueños con la variante que su relleno consiste en una bechamel a base del típico salchichón de Málaga, un constraste muy divertido en boca.
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