Poco, o nada voy a aportar que no haya escrito y comentado el amigo Pepe, en su anterior nota de cata, acerca de este vino blanco, tan cercano a un servidor.
Cercano porque se cría cerquita de donde yo resido; cercano, porque es el sueño de dos grandes personas (realmente). Y un vino bien hecho, ni más ni menos, porque para ello y en la búsqueda del resultado apropiado y efectivo, han encontrado "el matrimonio" perfecto. La bodega Más Candí ha resultado ser un aliado perfecto a la hora de crear un interesante vino blanco (y más no siendo yo acérrimo seguidor de esta variedad).
Comentaba el amigo Raúl Cano, que en las primeras muestras del vino antes de ver la luz, parecida más dormido y suavizado de lo que al final esa acidez tan marcada, y los cítricos y la fruta han conseguido ofrecernos al final. Una breve crianza sobre sus propias lías, le otorga algo más de cuerpo y estructura de lo que parece. Final de postgusto medio, no muy largo, con presencia de los cítricos nuevamente.
Ya puedo decir que he catado un vino "medio egarense", y una de esas 500 botellitas.
Que sigan las ilusiones...
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