Tercera y última botella de este increíble Barolo, en este momento en un perfecto estado de maduración. Tan bueno salió, que a mi mujer que no le suelen gustar los vinos del Piamonte por notarlos demasiado alcohólicos y duros cuando son jóvenes, se lo servimos a ciegas y le encantó.
No me explayaré en la descripción, pues la enorme paleta aromática y de sabores la he expuesto en mis anteriores catas.
Rojo terroso, turbio, capa media.
Al principio bastante cerrado, con aromas metálicos y a estiércol. Después flores, frutas rojas y negras, anises, tabaco, balsámicos, menta, hojarasca, trufa, bosque, notas animales, caza, piedras...
En boca mantiene un equilibrio óptimo de sabores. La acidez es grandiosa, ¡qué garra!.
Final intenso y completo.
Un vino celestial.