El color era decrépito, un teja claro turbio.
Los aromas de mediana intensidad a cueros, maderas viejas, algunos toques florales y especiados.
La boca es suavews y con predominio absoluto de terciarios, algun toque floral, final de cierta persistencia.
Solo se pudieron aprovechar dos copas que estaban medio bebibles, después el vino se puso totalmente imposible.
No obstante felicito a Marcelino Diaz, por ser capaz de darle a un vino, que no se ha conservado en buen estado, 23 años de vida.
Me lo ha regalado un amigo, igual que el Gran Reserva del 82.
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