Al principio aparece apagado, un tanto plano. Después de dos horas abierto la nariz es mucho más expresiva, moras, picotas, hierbas de monte, balsámicos (menta, regaliz), mineralidad propia de la zona (licorella).
Elegante y refinada version de un Priorat, desprovisto de los defectos (y quizas de alguno de los encantos) de los clásicos de la zona. Creo que estos y los de Esther Nin son los grandes Priorats del futuro.
Fresco en boca, con buena acidez y notable persistencia. Pide más. Tanino todavía un poco secante. Por lo menos hay que darle cinco años mas para beberlo en plenitud.
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