En primer lugar agradecer a la bodega Torres y a Verema por la posibilidad de robar este gran vino. Seguramente yo no me lo compraría porque sobrepasa lo que uno se suele gastar habitualmente en una botella de vino, pero ahora mismo no sabría qué decir, la verdad.
Color entre amarillo pajizo y dorado. Lágrima que desciende lentamente, lo que da a entender que el vino es bastante glicérico.
Nariz muy intensa y cambiante. Hay aromas de crianza, vainilla, notas de madera, van apareciendo frutas con hueso, piña, al cabo de un tiempo los cítricos, más adelante salen los herbáceos. Da la impresión que dominan los cítricos a medida que el vino se airea y gana temperatura. Realmente los aromas llaman encarecidamente a beber y uno que no es de hielo no pudo aguantar la tentación, como me parece que les pasó a muchos compañeros de la virtual ;)
Paso por boca untoso, con muy buena acidez y un punto amargo que le aporta elegancia. Madera en su sitio, o sea, se nota lo que se ha de notar y no más, y le aporta al vino una contundencia importante, no se si me explico. Y lo digo yo que soy anti-blancos-con-barrica. Es muy goloso, de trago larguísimo y con buena persistencia en boca. Un trago invita a otro, y a otro, y a otro...
En definitiva, y con la boca pequeña porque uno no es un experto, me ha parecido un chardonnay muy chardonnay y un vino de lo más interesante. El problema es, claro, el precio, pero en vista de la calidad uno se puede plantear comprar una de las 1500 botellas (si no recuerdo mal) para darse una alegría de vez en cuando.
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