Rubí con ribetes atejados y capa media.
Con buena intensidad en nariz sorprende por su limpieza y franqueza de aromas desde el primer momento. Fruta delgada pero presente, madura y definida, toques de especias, clavo, nuez moscada, tabaco de pipa, trazas minerales, un punto de piel curtida, recuerdos de caza de pelo, maderas viejas, ahumados, tierra mojada, hojarasca, bosque umbrío. Complejo, profundo, lleno de vida y con mucho que contar.
En boca muestra una enorme viveza, acidez, tensión, maneras de vino grande. Perfectamente balanceado entre fuerza y elegancia, con un paso firme pero ligero, deja en el final un complejo amalgama de sensaciones que van desde la fruta licorosa hasta los terciarios, con recuerdos especiados y tostados. Tanino presente pero muy bien integrado. Buena persistencia.
Una grata sorpresa este 58 de Lacuesta, una bodega que en aquellos años estaba entre las grandes de Rioja con vinos de una calidad contrastada como es el caso, un portento de equilibrio en todas sus fases. Un vino habitual en las celebraciones más especiales del anterior rey Juan Carlos, a quien se podrá criticar por muchas cosas –también felicitar por otras-, pero no desde luego por ser un mal bebedor. ¡Este vino es grande!
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