Rosáceo con borde del mismo color. Capa baja. Limpio y brillante.
Nariz profunda y completa en la que los tonos primarios sobresalen maravillosamente. En un primer momento nos recuerda a un Pinot joven, aunque poco a poco los aromas evolucionan hacia otros registros. Muchas violetas, grosellas, tostados, tierra húmeda, maderas, tabaco, chocolate amargo y una cierta dosis mineral.
Boca refinada y femenina. Poco alcohol y barrica aún por domar. Tanino juvenil, excelente acidez. Paso punzante, floral, frutal y ahumado. Sabores nítidos y puros. Al final queda un recuerdo pedregoso.
Postgusto largo y campestre.
Un tinto increíble que no habría acertado a ciegas ni en un millón de años. Es verdad que no haber probado hasta ayer nada de "baboso negro" tampoco ayuda. Parece mentira como en Canarias o Sicilia se puedan hacer tintos tan afilados y minerales.
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