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Cuentos al Vino

Wild Wines, Wild Stories

 

Recuerdo, hace años, un familiar mío que hace poco nos dejó, un gurú del vino procedente de Bordeaux, me decía que las paredes de los sótanos de su pequeño y humilde chateau no las atravesaba ningún ruido, sonido u otra vibración que alterase el sueño eterno de sus vinos.
 

Aquello no lo llegué nunca a ver; ni castillo sumiso a gustos extravagantes, ni paredes de piedra acunando en sus brazos y en silencio una bodega oscura. Tampoco saboreé a sus mimados vinos, aunque por sus descripciones implícitas, alguna que otra vez, casi llegué a olerlos. Aquellas narraciones suyas me abrumaban, quizá por mi edad temprana o tal vez por mi imaginación que ya me adelantaba sabores, sonidos e imagines, que todavía no había experimentado.

De mayorcita ya, y mira que ahora que entiendo más me encantaría repetir una tertulia con mi querido Jean, pienso que sus extravagancias tenían su sentido. Y más que sentido, sensibilidad diría yo. Vibración es todo; el silbido de vientos que pasean sin mirar, el crujir de las maderas de un barco ya podrido, el suspiro de un fuego que se apaga, el llanto de un niño que acaba de nacer. Así crecían los caldos en los bajos subterráneos de su hogar, a escondidas y a mudez allí cogían cuerpo, hasta que una mano a gestos lentos los retirase, librándoles del corcho que con fidelidad garantizaba un ciclo de vida en vidrio e insonora.

Desde entonces esas pequeñas extravagancias las tengo en cuenta y sin querer, las voy creyendo y quizá siguiendo. Protejo a las pocas botellas que poseo y no dejo que nadie hable en alta voz y aunque no tengo una bodega –ni chateau- pongo la música al nivel de un susurro. Al descorchar el vino, entonces sí, permito risas y demás de la felicidad premisas. Disfruto de las melodías y de músicas, incluso abro las ventanas de par en par para que entren vientos y todo por delante lo arrastren.

Nunca sometería a un vino ya en copa en tal silencio, vino descorchado ya sin vibraciones no puede crecer, no puede nacer en boca sin sentir y oír llantos, carcajadas o sonrisas. Vino sin temblor pues, vino armonioso.

Maridaje musical, melodías y armonías acompañaran a vinos bien mimados.

Cuatro canciones cortejarán a cuatro vinos en un lugar que ya me suena.

Que disfrutes.

  1. #1

    Dani C.

    Un texto muy sugerente y no falto de razón. Si tuviera un Château, efectivamente, encerraría a mis vinos en la profunda de las mazmorras a buen resguardo de cualquier alteración. En mi casa solo tengo espacio y posibilidad de tener una sencilla vinoteca.

    Eso sí, Châteauo no, cuando el vino se descorcha es fiesta y lo que tiene que sentir es el murmullo de la gente al iniciar la cena, la música y las voces altas y risas del final de la cena.

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