40. Eusebio tenía claro que no podía dormir esa noche y no estaba de humor para rodar de un lado al otro de la cama. Entre una cosa y otra se había puesto en las cuatro de la madrugada, para cuando llegara al centro de Madrid serian más de las cuatro y media por lo que si se tomaba un café bien cargado estaría entrando en su despacho sobre las cinco. A esas horas solo se encontraría con .
Resumen del capítulo anterior: 36. Saliendo del garaje vio que estaba lloviendo a cántaros: “¡Joder! No recuerdo un otoño con tanta lluvia en Madrid” y se sonrió pensando que mejor se fuera acostumbrando con vistas a su futura residencia en Lugo. Milagrosamente, para cuando salió del Parking de Fuencarral el cielo había decidido darle una tregua y tímidos rayos de sol se colaban entre .
34. Encendió la radio de su “máquina”, un Ford Fiesta de color rojo vibrante que inmediatamente conectaba con su teléfono móvil mediante el sistema bluetooth. Mientras atravesaba Madrid desde su despacho en la calle Arturo Soria, hasta los alrededores de la Gran Vía, fue dirigiendo a la voz metálica que le ofrecía diferentes opciones, hasta llegar a la lista de contactos. Con voz firme y.
30. En cuanto terminó de hablar con Teresa una idea que había ido germinando en su cerebro creció hasta asentarse con fuerza, hablaría con “El Rubio” esa misma noche. Llamó a Kimi y le pidió que hiciera de intermediaria entre ambos, Eusebio estaba convencido de que El Rubio adivinaría su profesión, si bien no su cargo, y no quería que se le escapara. Por lo poco que sabía de él era .
28. Teresa dejó primero los manojos de llaves (las de casa, el despacho y el coche) en la mesita del recibidor de la entrada. Después soltó su bolso y las carpetas sobre la mesa del comedor de su casa, se quitó el abrigo y respiró hondo. Los años de estudio, tanto durante la carrera como los de especialización después de doctorarse le habían aportado conocimientos valiosísimos, pero lo .
Resúmen capítulos anteriores: 26. El arroz con carne y alubias rojas de Yoana le había devuelto algo de vida y el frutal vino de maceración carbónica que lo había acompañado le pidió permanecer con él mientras se enfrentaba por segunda vez a la memoria USB de Paula. Escogió el fichero que decía “Pablo 1” y acertó. Hola Kimi, Te preguntarás porqué te escribo cuando hace pocas horas que .
22. Cuando volvió a mirar el reloj era la cuarta o quinta vez esa mañana pero en esta ocasión ya habían dado las doce del mediodía, barrera tras la cual consideraba que podía marcar el número de Kimi sin que fuera excesivamente temprano. A pesar de estar convencido de que tendría el buzón de voz conectado desde que se hubiera acostado para no ser despertada intempestivamente, Eusebio .
18. Eran las cinco menos cinco cuando Eusebio se paró delante del letrero de neón, ahora apagado, del Born in the Sixties. La puerta no estaba cerrada del todo, había una pequeña rendija de unos dos o tres centímetros que permitía colarse visualmente en el interior; al fondo, una ventana abierta que no había observado el primer día al ser de noche, dejaba que la luz de primera hora de la tarde .
16. Era la primera vez que iba a El Escorial. En San Lorenzo había estado de pequeño, el colegio les había llevado a ver el Monasterio pero él nunca había pasado por el que los lugareños llaman “el pueblo de abajo” o simplemente, El Escorial, San Lorenzo era el de arriba, el aristocrático, el del Monasterio. Si no eras de allí, o lo aprendías porque vivías o trabjabas allí, “El de abajo” era .
15. El sábado lo había pasado prácticamente durmiendo. Después de hablar con Fernando el viernes, se puso la alarma del móvil para las once del día siguiente en previsión de que la resaca de albariño versus gin-tonics le sumiera en tal sopor que le hiciera llegar tarde a la tradicional comida del sábado en casa de su hermano Santiago. La verdad es que de sólo pensar en los cinco monstruitos de su.