Bodegas Martúe, un “Château” en La Mancha.
Situada junto a la toledana localidad de La Guardia, el edificio surge de la nada en plena llanura manchega y su sobria y elegante arquitectura con una amplia entrada que nos conduce a través de un pasillo rodeado por viñedos hacia la entrada principal nos recuerda a esos “Château” más modestos arquitectónicamente que nos podemos encontrar en el Libournnais. La bodega es un negocio familiar dirigido por Fausto González quien tuvo la idea y el tesón de intentar elaborar un vino que gustase a todo el mundo, que tuviera un buen estándar de calidad y siempre a precios asequibles. Para ello puso toda su confianza en Ignacio de Miguel, uno de los más importantes “flying winemakers” nacionales y uno de los hombres que mejor conoce el terruño de La Mancha y sus posibilidades vinícolas.
Así nació Martúe cuya primera cosecha data del 2001. Actualmente maneja unas 100 ha de viñedos propios y elabora unas 300.000 botellas, de las cuales su producto más importante es el Martúe tinto que es un vino elaborado con cuatro variedades (Cabernet, Tempranillo, Syrah y Merlot) con unos 6-8 meses de crianza. También elaboran un Martúe especial con uvas más seleccionadas y una crianza algo mayor en roble nuevo y Martúe monovarietal que hasta ahora ha sido siempre de Syrah ya que es la variedad que mejores resultados suele dar en la zona. Se elabora con las mejores uvas y su tiempo de crianza es de unos 12 meses. Por último elaboran un blanco de Chardonnay del cual se ponen en el mercado pocas botellas. La vinificación es siempre en inox. salvo el blanco que se vinifica un 80% en inox y un 20% en barrica de roble.
Durante la visita nos atendió Julián, socio de la bodega y director comercial. Lo primero que hicimos fue dar un paseo por la parte de atrás de la bodega para ver varios de sus viñedos, situados en parcelas bien definidas y por variedades. Son viñas relativamente jóvenes (las primeras son plantadas en 1989), en espaldera y podadas en doble pulgar cuya vendimia se realiza de forma mecanizada, lo cual implica un trabajo en mesa de selección. Las variedades plantadas son Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo, Syrah y Petit Verdot como tintas y Chardonnay como blanca.
Una vez finalizada la visita nos dirigimos a esa fantástica y acogedora “zona noble” de la bodega donde hay una sala de catas entre otras estancias. Había muy poco vino disponible en la tienda por lo que no fue sencillo improvisar una cata, en cualquier caso Julián nos abrió los siguientes vinos:
- Martúe Chardonnay 2006: un vino muy bien logrado, teniendo en cuenta lo complicado que es elaborar un buen blanco por estas latitudes por los problemas de acidez. Esa mezcla de 80% inox y 20% madera me parece acertada ya que esta última no se hace presente, pero otorga una cierta estructura y carácter graso. Vino intenso en nariz, especiado, con buena fruta blanca, toques tropicales y una boca firme, grasa y con un final bastante largo y fresco que deja recuerdos de fruta amarga y especiados. La acidez es correcta y los 14º de alcohol se muestran integrados, eso sí, conviene vigilar la temperatura de este vino y que no suba de 8 grados. Un Chardonnay rico, interesante y a buen precio.
- Martúe 2006: última añada del vino santo y seña de la casa en el que intervienen los cuatro varietales tintos (Cabernet, Tempranillo, Syrah y Merlot). Todavía muy joven se muestra frutal e intenso en nariz con ligeras aristas alcohólicas que deberán integrarse con un tiempo en botella. Toques tostados y especiados. En boca se muestra cálido y amplio, con un paso firme, una correcta acidez y un final marcadamente frutal con unas ligeras aristas tánicas que todavía han de integrarse. En la línea de otros Martúe, un vino sencillo, bien elaborado y que resulta convincente sobre todo teniendo en cuenta su aquilatado precio.
- Martúe Syrah 2004: quizá el “vino estrella” de la casa, este varietal se muestra ahora en un perfecto momento de consumo, muy floral, intenso, dando buena fruta roja, regalices y herbáceos. En boca le encuentro más equilibrado que en ocasiones anteriores con un buen balance fruta-madera, una acidez muy bien lograda y un final redondo donde muestra su carácter frutal y especiado. Un vino más que logrado y que se encuentra en un momento ideal para consumir aunque tendrá un mayor recorrido. Con la aireación se muestra más expresivo en nariz y no decae en copa. Un buen vino, sin duda.
Sin ser obviamente mis vinos preferidos, siempre he destacado de esta bodega su honesto trabajo, sus vinos bien elaborados y claramente identificables y su política de producción y precios. Siempre manteniendo unos buenos estándares de calidad y siempre ofreciendo lo mejor que pueden ofrecer. Son vinos honestos, accesibles y asequibles, que siempre incluiré en mis recomendaciones.
Nuestro agradecimiento a Julián por prepararnos esta visita improvisada en la que todo salió perfectamente.
Un saludo,
Eugenio Sáenz de Miera Arnau
