El vino del verano de amor
Nicojames
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¿Te acuerdas de este vino que tomaste con aquella novia mientras estabas de vacaciones? ¡Qué momento más mágico! Estabas tan enamorado, tan locamente hipnotizado. El tiempo era estupendo, el sol brillaba, el agua del mar era perfecta y los trabajadores del hotel eran los más simpáticos que conociste en todos los tiempos. La música Jazz ponía el ambiente para los dos enamorados y el vino era el acompañante y el amigo ideal para la semana mágica.
Tan especial era, que fuiste a una tienda de vinos para comprarte una caja de 6. Meticulosamente las metiste en la maleta para llevartelas para casa con la esperanza de revivir el momento muchas veces más.
Regresaste a casa, volviste al trabajo de siempre y dos meses más tarde, montaste una cena con tu pareja. En plan sorpresa, preparaste el escenario con música Jazz y abriste la botella especial de vino para recordarlo todo. Tu pareja llegó, estaba soprendida. Serviste el vino y os besastéis. El primer sorbo del vino parecía astringente, el segundo más suave. Pasó media hora entre conversaciones, pero este vino no era el mismo que habíais probado durante las vacaciones. ¿Igual era la botella? Abriste otra:lo mismo. Abriste una tercera e incluso peor. Vuestra noche mágica fue un fracaso. ¿Qué pasó? El vino debería estar malo. No! Nada de eso. Nuestro estado de ánimo también aporta lo suyo cuando bebemos el vino. Estabas en un estado de éxtasis cuando probaste el vino por primera vez. Difícilmente se puede repetir eso volviendo a la rutina además en casa con todo ha cambiado, incluso el vino y nosotros mismos.
