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Diario de un sumiller 2ª parte, día 4

20:00 Mi apartamento estaba patas arriba. Calzoncillos en el suelo, bragas de Atena con polvo en  los estantes y vajilla sucia, alguna con hongos en la pica de la cocina. Las ventanas estaban grasas, semi-transparente y una mosca de estas grandes ruidosas, era lo único agradable en este piso dentro de un ambiente cada vez más triste. Todo mi mundo se había caído. Mi emperio derrumbado. Lo único que me podía consolar un poco era un Whisky. Tenía varios a mi elección pero seleccioné un Whisky japonés,  un Single Malt del nombre Nikka . Mi camisa estaba ya desabrochada, Muddy Waters sonaba desde mi Ipod conectado a mi equipo a toda hostía. Me tumbé en el sofá, me quité los zapatos de cuero italiano y pusé la tele en silencio haciendo zapping. Vi a Belén Esteban. Una Belén Esteban que yo encontré guapísima. Algo me pasaba. Una de dos, realmente le habían hecho un Lifting de la cara o yo estaba ya completamente fuera de serie. No lo sé pero bueno no era. 21:30 Con la camisa mojada me desperté de repente. La noche ya había caido en mi apartamento y la única luz que salía era de las imágenes de la tele. Me levanté para encender los focos y me encontré con más cosas en el suelo que habían anteriormente. Cuando me fijé en la mesa la botella de Nikka estaba vacia y habían dos vasos más en la mesa. Mi corazón incrementó sus latidos y el nivel de adrelina de mi cuerpo subío. Alguien había pasado por mi casa, buscaba algo y a la vez se aprovechó de uno de mis mejores Whiskies. Cogí el móvil para llamar la policia, pero al segundo cambié la opinión. Decidí llamar a Atena que pero no me cogía la llamada. Qué iba a hacer yo ahora? 21:35 Yo sólo en mi apartamento. Necesitaba salir. Me iba a pegar una ducha me dije, antes de salir a tomar unas copas con unos colegas. Busqué mi cartera que no encontré en ningún sitio y me empecé a poner nervioso. Cuando tenía el móvil en la mano, me sonó. Descolgué. “¿Mario?” “Si” “Mario, soy Atena. Algo terrible ha pasado” Mientras escuché decirme su nombre, miré por el suelo, las copas y la botella vacía de Nikka. La conversación que ella había tenido con su hermana gemela en el pasillo se me repitió dando vueltas por la cabeza. ¡Qué hija de puta! “Qué te ha pasado” le pregunté enfadado “No te lo puedo explicar por teléfono, pero alguien ha muerto. Mira Mario. Hay muchas cosas que no te he podido explicar. Lo único que tienes que saber es te quiero muchísimo. Tenemos que quedar en un sitio seguro antes de que las cosas se empeoren” “¿Dónde podemos quedar y a qué hora?” "Mira, te llamo en una hora. En tu piso no podemos quedar, no es seguro" "Atena. Creo que alguien ha estado aquí mientras estaba yo durmiendo" "Uff!! Ten cuidado Mario, no te fies de nadie. Es que...ahhhhh!" La llamada se cortó. Algo le había pasado a Atena, pero en este momento me daba igual. ¿Que no me fio de nadie? Ni ella por supuesto. Que hipócrita. Me enfadé con ella y conmigo mismo por conocerla. Me estaba traicionando y ahora no sé que estaba tramando. El móvil sonó otra vez. Descolgué. "¿Hola Mario?" "¿Si?" " Soy Eva. No me conoces de nombre. Soy la camarera del Café Unnicco donde estabas esta tarde."  pues si una chica bastante guapa si era la misma Me acordé que me caáia muy bien y me molaba. Tenía un cuerpo muy tierno, pelo liso, moreno y unos ojos preciosos. Además tenía un par de melones que.. "Ah. Y en qué te puedo ayudar?" le pregunté sorprendido intentando concentrarme en la conversación. "Creo que yo te puedo ayudar. He encontrado tu cartera que dejaste aquí antes de salir. Igual se te cayó" aha, o sea mi cartera se cayó cuando estaba en el restaurante o alguien me lo había robado y lo luego lo dejó tirado? "¿Y cómo sabes mi teléfono y que me llamo Mario?" me causó una subida de tensión. No me podía creer que sabía tanto de mí. "Pues por tu tarjeta de visita" "¿Y qué más has encontrado en mi cartera?" le desafié sin estar muy convencido. Cualquier cosa para no pensar en Atena. "Pues unas fotos de una mujer mi guapa. De hecho se pareció mucho a la mujer que estuvo aquí delante de la barra" no me gustó este comentario. ¿Y qué le importó? Todavía no me convenció su historia aunque me empecé a enamorar de su voz tan suave y su pronunciación castellana tan precisa. "¿Pues no, no es la misma. Bueno dónde podemos quedar para que la recoja yo?" "Vives en la calle Mayor 56, 2º piso en la segunda planta?" "¿Pues si, cómo lo sabes?" por casualidad me asomé por la ventana mirando hacía abajo. Vi a una chica muy guapa hablando por teléfono acompañado de dos hombre vestido de negro. Igual estaba un poco confuso y la lógica nunca fue mi fuerte. "Estoy en tu calle, y si no te importa, vengo a dartela" No podía decir que no y en nada de tiempo alguien tocó mi puerta. Me fui hacía la puerta olvidando que estaba mojado, de qué no sé, con la camisa abierta y el cinturon desabrochado. Abrí la puerta y vi una sonrisa más bella de la chica más hermosa del planeta. Me saludó y me investigaba con sus ojos grandes de arriba abajo. Yo mudo y alucinando con esta chica en vista del desarrollo negativo del día, estaba dispuesto a enamorarme de nuevo. Ella por lo visto también. No nos conocíamos pero la química no conoce limites y nos gustabamos. Ni el hecho de que hubiera un muerto en el entorno de Atena me importaba. Cogí la cartera de las manos de ella y la lancé al sofá. No tardó nada en acercarse a mí, sacarse la ropa y nos besamos. Su toque era sedoso, elegante. Su pelo tipo Pantene y la piel suave como un bebé. El perfume más bien cítrico, floral y bastante fresco. No sabía que pasó a partir de este momento. Sólo recuerdo estar en la ducha recordando el comienzo de una relación nueva. Eva era hermosísima y sabía lo que quería. Quería a su Mario y yo a ella. 22:15 Cuando salí de la ducha, escuché el sonido de sirenas. Después de secarme, salí del baño a mi habitación y me vestí. "¡Eva!" le grité pero no estaba en ningún sitio. ¿Era un sueño? Alguien me dejó con la pregunta en la cabeza y tocó la puerta. Era la policia..

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