Un viernes por la noche
Nicojames
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Un viernes por la noche, llegué a casa y me invitaron unos amigos para catar unos vinos a ciegas. Yo estaba bastante cansado de una semana bastante movida, pero al final me animé y participé. La mayoría de mis amigos se estaban preparando para la cata en parejas de Vila Viniteca y el ejercicio era para acostumbrar la nariz y el paladar a los vinos que podrían salir en la cata.
Primero abrimos 4 vinos blancos, compartiendo una copa entre 8/9 personas. Yo estaba muy cansado, agotado mejor dicho y la verdad es que mi cerebro estaba en otro sitio. Empecé a estudiar los colores de los vinos, sentir sus aromas y saborear distintas sensaciones de fruta madura mezclada con una suave acidez, a veces mineral y a veces no. Primero un vino, después otro y luego caté los cuatro.
Mientras mis amigos estaban concretando variedades, añadas, Denominaciones de Origen, estilos de elaboración incluso detectando un vino con corcho (TCA) pero para mi todos los vinos parecían iguales. ¿Qué me estaba pasando? Yo un profesional del vino, y con mucha experiencia en vinos blancos, no era capaz de identificar nada. Yo tenía un dilema. El lunes siguiente tendría que dar de baja el blog iamvino, nuestra página web y dedicarme a otra cosa ajeno del vino, definitvamente yo había perdido mis facultades. También mi paladar y todos los conocimientos relacionados con el vino, adquiridos durante todos estos años. Ya me ví bajo un puente vendiendo uvas..
Algún amigo me pidió consejo: “¿Nico, es un Pinot Gris de Alsacia?” le asintió con la cabeza indicando que sí, fingiendo porque no podía distinguir el uno al otro. Es que todos parecían iguales, era horrible. Una y otra vez cogí los vinos, oliéndolos y tanteando con pequeños sorbos a ver si era capaz de descifrar los matices de cada uno. Nada de nada. Sentía como el túnel de las tinieblas me asfixiaba y unos fantasmas me dijeron que "tu no vales". Tardé más de diez minutos de encontrarme con mi musa vinícola, cuando mi organismo hizo click y todo fluía de nuevo lo que me dio pie a poder discutir con los amigos y sentir los vinos de una forma distinta.
Nuestro organismo y nuestro paladar no siempre está en condiciones para catar. Tenemos que despertar los sentidos, acostumbrarlos con cariño para poder conectar con los vinos y valorarlos. Somos seres humanos y no máquinas y para catar tenemos que estar despiertos con todos nuestros sentidos. Si no podemos un día, no pasa nada, tenemos que descansar un poco y recuperar las energías y tener paciencia con nosotros mismos.
