Ruta del Vino Ribera del Duero
Te proponemos un plan diferente para toda la familia, para amigos, para enamorados del vino, para entusiastas de la naturaleza, disfrutar de paisajes y de un entorno único. Te ofrecemos algunas de las posiblidades que ofrece La Ruta del Vino Ribera del Duero. En este caso queremos presentarte algunos de los senderos que ofrece esta zona emblemática.
Sendero de las Cañadas (La Cueva de Roa)
A orillas del río Duero, encontramos la localidad de La Cueva de Roa, que pese a su nombre no aloja ninguna cueva en su término. El origen se debe a que en el s.XV el noble D. Beltrán de la Cueva recibió como pago a sus favores las ciudades de Aranda, Molina, Atienza, Cuéllar y Roa, y el título de Duque de Alburquerque, de manos del rey Enrique IV. Como este pueblo dependía de Roa se denominó La Cueva de Roa. La Cueva de Roa se asienta en una amplia zona de vega, lo que ofrece un terreno llano y fértil sobre el cual se asientan tierras de labor y huertos.
El recorrido es un sendero de campiña, de 10.2 km., recomendado para cualquier época del año que parte de la Vereda de las Eras, la primera vía pecuaria del recorrido. En la Ermita de San Isidro, rodeada por un rústico jardín, el sendero discurre entre terrenos de secano y regadío. En la siguiente bifurcación, se alcanza la Ermita de la Virgen de la Vega, donde a aparecen unos grandes fresnos.
La Cueva de Roa comparte devoción con Roa y otras localidades durante el segundo domingo de mayo y el 8 de Septiembre en la romería de la Virgen de la Vega. En su entorno, existe un área recreativa muy frecuentada por vecinos de la zona en la primavera, lugar perfecto para dar un bocado. Desde aquí, se toma un camino llano y ancho que parte hacia el Canal del Riaza. Tiene su origen en el Pantano de Linares, puesto en servicio en 1945, abasteciendo de agua a los cultivos de regadío de la zona.
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Junto al Canal, se pueden ver a ambos lados del sendero restos de antiguas graveras, que en época de lluvias se cubren de agua formando pequeños humedales hasta los que acuden ánades, fochas o garzas. Cuando se llega a la altura de un puente sobre el Canal del Riaza, se pasa sobre el yendo al sur. En esta zona los viñedos sustituyen a los campos de regadío y cereal.
En el siguiente cruce un gran viñedo se interpone, y girando a la derecha, tomamos la Cañada Real de Peñafiel. Las vías pecuarias, como esta cañada o la Vereda de las Eras, han albergado el paso del ganado ibérico a lo largo de los siglos.
La importancia económica y social que durante siglos revistió la trashumancia fue tal que desde la Baja Edad Media los monarcas apoyaron a las agrupaciones pastoriles. Con el tiempo se convirtieron en poderosos gremios, siendo el más significativo el Honrado Concejo de la Mesta.
Corzos y jabalíes encuentran en estas zonas un hábitat ideal. El bosque les refugia, mientras que las zonas de borde y los cultivos, les alimenta.
Durante un buen tramo el camino discurre paralelo junto al Canal del Riaza. Al llegar al primer cruce que sale al paso hay que girar a la izquierda, saliendo de nuevo a la zona de cultivos. Al fondo, se distingue La Cueva de Roa, y tras ella el bosque de Ribera del río Duero, creando una bonita postal como colofón a esta sorprendente ruta.

Sendero de las Ermitas (Sotillo de la Ribera)
Las cinco ermitas que se contemplan a lo largo del sendero dan nombre a esta ruta. Construidas en los s. XVII y XVIII, forman dos cruces, una más grande y otra más pequeña, contenida dentro de la primera. El auge económico durante el reinado de Carlos III permitió la construcción de estas ermitas, además de edificios tan singulares como el Palacio del Ayuntamiento o el Palacio de los Serrano.

Hablamos de un sendero de campiña de 12,9 km., transitable todo el año que empieza sobre el Arroyo de Sotillo, en una curva de la carretera BU-130 a su paso por Sotillo. El camino que se encuentra enfrente de éste, conocido como de la Vega, marca el itinerario a seguir. Una amplia vega en la que crecen algunas choperas cerca del arroyo de Sotillo, pequeños huertos de almendros, viñedos y campos de cereal.
La ruta se desarrolla entre viñedos y cereal, instalados en la fértil llanura que se extiende entre el monte de Villalobón y las lomas de Izán, al norte de Sotillo de la Ribera. En esta se yergue en un pequeño alto la Ermita de San Isidro, acompañada por almendros, primera parada de la ruta. Desde este cerro se divisa una buena panorámica de la zona, estampa característica del paisaje ribereño.
A continuación se toma la Cañada del Chorco de los Arenales, que discurre por la divisoria de una loma, hasta llegar a la carretera de Sotillo a La Horra, la cual se cruza para seguir avanzando por una zona de viñedos. El camino es estrecho y delimitado por paredes de piedra, pero sea cual sea la época del año se observa una actividad frenética en los viñedos.
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En la Ermita de Santa Lucía, se aprecian vistas a la localidad de Sotillo de la Ribera. Bordeando un pequeño bosquete de pinos se llega hasta la Ermita de San Amancio, que permite observar las esculturas de su interior.
Tras una pequeña cuesta entre pinos se asciende hasta el monte Tabor, donde por el camino de La Tejera, en busca del alto de Gadenes, tenemos otra pequeña elevación del terreno.
Varias revueltas por diferentes caminos y un pequeño tramo por la carretera a Terradillos de Esgueva conducen hasta una estrecha senda, que entre huertas, romeros, algunos quejigos, encinas y un pinar, lleva en primer lugar hasta la Fuente Bajera, donde se pueden ver unos antiguos lavaderos, y después hasta la Ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Prado, situada cerca del Camino Real, muy frecuentado por unir Gumiel de Mercado con las poblaciones del Valle del Esgueva.
Por el camino Real, sin tomar otros que salen a los lados, dejando a un lado fértiles campos de labor y al otro, en la ladera, un bosque de pinos y quejigos, se regresa hasta Sotillo de la Ribera. Una vez en esta localidad un camino permite subir hasta la Ermita de San Jorge, la última del recorrido.
Sendero del Valle del Riaza (Haza, Adrada de Haza)
Sobre el Río Riaza se alza la atalaya natural sobre la que se asienta Haza, un pueblo rebosante de historia que el paso del tiempo ha ido borrando.
El conjunto medieval de la villa de Haza ofrece interesantes restos de su muralla y torreón, inexpugnable bastión en la Reconquista castellana. Su máximo esplendor lo alcanzó en los siglos XII y XIII, cuando fue cabeza de la Comunidad de Villa y Tierra. La nota artística se encuentra en Adrada de Haza, donde el museo de un artista local y un retablo renacentista de notable calidad revelan este enclave de interés cultural dentro de la comarca.
Junto a la puerta de entrada al recinto amurallado de Haza comienza esta ruta de ribera de 10.4 km. por el Valle del Riaza, uno de los ríos castellanos más emblemáticos por la belleza y carga histórica de sus localidades.
Una estrecha senda entre las antiguas bodegas marca el comienzo del descenso hacia el valle. Estas bodegas, construidas bajo tierra en la falda del páramo, son muestra de la arquitectura popular, y exigen un subsuelo con una capa de arcilla que haga impermeable el terreno.
Cuando el sendero enlaza con la carretera que da acceso a Haza, entre viñedos, encontramos un ancho camino de concentración parcelaria situado al fondo del valle. También se divisa una chopera con grandes árboles a orillas del río Riaza. Este río, que tiene sus fuentes en la Sierra de Ayllón, es un largo corredor natural que alberga una variada fauna y retazos bien conservados en su bosque. Junto al río, oculto entre la vegetación de ribera y los huertos de los vecinos de Haza, un puente y un pequeño dique en el río constituyen una buena excusa para hacer una parada. Los diques que jalonan el río permiten embalsar pequeñas cantidades de agua que se derivan por una acequia para regar las huertas, donde crecen guisantes, cebollas, alubias, habas, tomates, etc.
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La ruta cruza sobre el puente y se dirige a Adrada de Haza. Sin abandonar la vega, el camino se aleja del Riaza. Una sucesión de cruces donde a izquierda y derecha van dejando atrás los parajes de La Vega, Las Mallas, Las Presillas o Los Parrales. Antes de llegar a Adrada de Haza se yergue un nogal, que destaca en el mosaico de cultivos agrícolas y viñedos de la estampa de la ribera del Riaza.
Bien merece una parada Adrada de Haza, para visitar la iglesia de Santa Columba, que aloja un retablo renacentista de gran calidad pictórica, y el museo del artista local Jacinto de la Fuente. El retorno a Haza se realiza por la otra margen del Riaza, la derecha. Tras cruzar el río por un puente y llegar hasta la carretera que une Campillo de Aranda con Castrillo de la Vega se encuentra la fuente minero medicinal conocida como “del Hambre”. Recibe este nombre porque se dice que quien bebe de esta agua se detiene a comer en el lugar.
En el dique del río se debe tomar el camino que queda a la derecha y que asciende a Haza. Según se asciende se puede observar junto al camino la pequeña Ermita de Santa Juana y en los cortados sobre los que se asienta Haza algunas grutas y cuevas modeladas por el agua.
Sendero de la Morera y de los Valles (Tórtoles de Esqueva)
El fondo del Valle del Esgueva y los páramos calcáreos de El Cerrato que lo delimitan son el marco de esta ruta. Construcciones que reflejan el esplendor alcanzado en otros tiempos, vegetación singular y la inmensidad del páramo no dejarán indiferente a quien decida acercarse hasta aquí. Esta ruta es la única que ofrece la posibilidad de adentrarse en el Cerrato burgalés, un territorio marcado por la ondulación del terreno y su aspecto desolado, que abarca las localidades ribereñas de Tórtoles de Esgueva.

Esta ruta de campiña de 27.4 km., transitable todo el año, inicia en el centro de Tórtoles de Esgueva, encaminando los primeros pasos del recorrido en busca del alto de Barco del Muerto, que cierra la localidad por el Este.
Desde lo alto se contempla una bella estampa del valle del Esgueva, de Tórtoles y de una enorme balsa de riego que ha ofrecido agua a los agricultores de la zona. Su naturalización ha permitido al tiempo crear un hábitat idóneo para el asentamiento de la vida silvestre propia del medio acuático, siendo fácil observar aves acuáticas como los andarríos, garcetas o zampullines. El sendero desciende hasta la balsa y cruza por encima del dique de retención. Tras bordear la lámina de agua se toma un camino que parte a la izquierda y asciende por el fondo de un vallejo hasta la parte superior del páramo, en una zona donde se salpican pequeños bosquetes de raquíticas encinas y quejigos con terrenos de labor.

Mas tarde, por un camino poco marcado junto al borde del páramo, podemos ver el Río Esgueva, escoltado por el bosque de ribera en el fondo del valle. Allí se desciende por El Callejón para acercarse hasta la Ermita de Santa Lucía y la Morera de Villovela, un árbol incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de la provincia de Burgos. El moral (Morus nigra) es un árbol originario de Asia occidental, pero introducido en la Península desde tiempos inmemoriales que se plantaba en las plazas de los pueblos.
A mitad de camino de la ruta, la senda se desvía para ascender hasta las ruinas del Convento de lo Valles. Este convento, apartado de los centros urbanos no tuvo una gran importancia pero su comunidad, de sólo 10 frailes, era rica en propiedades y con un amplio poder jurisdiccional. Después de subir hasta los Corrales de la Canaleja, se toma rumbo sur-suroeste. El terreno es ondulado y dominado completamente por los terrenos de labor, característicos de El Cerrato. Poco a poco entre las tierras de cereal se alternan eriales y bosquetes de encina. Cercana al sendero queda la Cañada Real.

Merinera, la vía pecuaria más importante de Burgos, es el telón de fondo del paisaje. Cuando el bosque de encinas que se deja a la derecha toca su fin, pronto se divisa un conjunto de tenadas que sirvieron para guarecer al ganado ovino de oveja churra, estas salpicadas por los pastizales existentes.
Más adelante, por un estrecho paso se desciende hasta un área recreativa situada en las afueras de Tórtoles de Esgueva, cobijada bajo una fresca chopera y donde se encuentra la fuente Los Caños.
Merece la pena darse un paseo por esta localidad para disfrutar de su arquitectura popular, del Monasterio de Santa María la Real, convertido en Posada de Turismo Rural, o de la iglesia de San Esteban. Juana la Loca, fallecido su esposo Felipe el Hermoso y no aceptando su muerte, inició un camino de locura y amor con el cuerpo embalsamado de su marido, que la llevó hasta Tórtoles de Esgueva, localidad desde donde regresó a Burgos.




