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II Bodegas J. Ferris: la voz serena del Marco que mira al mundo

Seguimos nuestro recorrido por el Marco, descubriendo bodegas que muestran distintas formas de entender el vino. Porque El Marco no se revela de una sola vez. Cada bodega es una manera distinta de expresar lo mismo, que el vino de esta tierra es tiempo y oficio. Tras la delicadeza sensorial de Espinosa de los Monteros, llegamos ahora a una bodega donde la verdad se expresa en lo esencial: J. Ferris

Bodega J Ferris

 

La historia de J. Ferris nace de la constancia y continuidad. Un trabajo que se sostiene y se hereda. Hablar de esta bodega es hablar de una forma discreta de estar en el Marco, fiel al territorio y alejada de la urgencia de explicar o justificar su existencia. Aquí el vino no se narra, se hace. Y esa diferencia es esencial para comprender su lugar.

J. Ferris, fidelidad al territorio

Ubicada en la carretera de Sanlúcar (kilómetro 13,6), entre Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María, esta bodega familiar fundada en 1975 por Don Jesús Ferris Marhuenda y su esposa Cándida Ruiz, quienes ya poseían extensas viñas en la zona, sigue siendo fiel a la forma de elaborar de los inicios: vinos de identidad clara, nacidos de la albariza y del trabajo continuado. 

El camino que nace junto a la carretera nos guía hasta el arco de entrada a la finca. Tras cruzarlo,  nos recibe una bodega de penumbra amable y muros encalados, con alma de lugar pensado para trabajar y no para mostrarse. La luz entra alta y se posa en las botas con la calma de las cosas que no necesitan justificarse. El silencio no es ausencia, sino concentración. 

El sistema de criaderas y soleras respira como un organismo vivo: el vino nuevo no sustituye al viejo, sino que lo continúa. No hay ruptura, hay memoria líquida.

botas de Jesus Ferris y Cándida Ruiz en la bodega J. Ferris

Custodiar y evolucionar

La bodega ha seguido formando parte de la propiedad de la familia y cuenta con viñedos propios en pagos privilegiados del Marco, lo que le da una autonomía total en la gestión de la uva. 

La familia entendió desde el principio que el vino se hace mucho antes de entrar en la bodega: en el viñedo, en la poda, en la observación de los vientos, en la espera. Y así pudimos comprobarlo mientras conversábamos con su gerente, tercera generación, que atendía llamadas de los trabajadores entre una explicación y otra. Sus palabras nos dejaban claro que no dirige desde la distancia, forma parte del trabajo, es uno más del equipo y vive el día a día del campo. Junto a sus primas están consiguiendo que esta bodega siga firme en su propósito: seguir elaborando vinos que hablen del lugar y de la memoria de la albariza, manteniendo una identidad a lo largo del tiempo.

Jesús Ferris Marhuenda

La modernización de la bodega ha sido discreta y necesaria, sin renunciar al diseño funcional característico, preservando el silencio y la autenticidad con una arquitectura sin ornamentos añadidos. Un espacio trazado para el vino y para quienes lo trabajan, donde cada cosa ocupa su lugar porque responde a una necesidad real.

La albariza es aquí el hilo conductor. La palomino es el lenguaje. La crianza biológica y oxidativa, el tiempo que da sentido.

J. Ferris ha crecido hacia el exterior de forma lenta, firme y coherente. Sus vinos se encuentran hoy en Alemania, Reino Unido y Francia, no por moda ni tendencia, sino porque la verdad del Marco tiene sentido cuando se sostiene sin artificio. Para que eso ocurriera, la bodega tuvo que tomar decisiones: 

  • Refuerzo del embotellado propio, con etiqueta reconocible, abandonando el formato a granel.
  • Presencia activa en ferias y rutas de exportación, lo que ha incrementado su penetración en mercados internacionales 
  • Consolidación de su portfolio clásico, donde destacan un fino limpio y salino, un amontillado serio y un oloroso estructurado, todos nacidos en palomino sobre albariza, criados en criaderas y soleras con respeto a los tiempos largos.

En contraposición a otras bodegas, J. Ferris representa la otra cara del clasicismo jerezano: menos ostentosa, pero con la misma integridad, y ahora con voz propia en el mercado global. Una demostración de que en el Jerez rural aún existe lugar para crecer con paso firme, sin traicionar la esencia.

Sus vinos tiempo y calma:

  • Fino en rama: lineal, seco, salino. Preciso. Habla claro.
  • Amontillado: la flor se convierte en memoria y el tiempo en textura. Delicado y expresivo
  • Oloroso: estructura contenida, hondura sin peso; sentimiento servida en copa

Vinoa de J. Ferris


Una bodega pequeña, familiar, fiel a sus raíces y ahora con voz en el mercado global. Su crecimiento demuestra que es posible ampliar horizontes sin renunciar a la esencia. Una familia que ha sabido crecer hacia el mundo sin dejar de ser del lugar. Una bodega que no busca explicarse, porque su vino ya lo hace. Una voz serena, firme y todavía llena de futuro.

 

  1. #1

    Javierpozo

    Interesante articulo! Saludos

  2. #2

    Celia Crespo

    No conocía esta bodega del Marco de Jerez. Al catar a ciegas su Oloroso me ha gustado y me ha despertado curiosidad. Gracias por contarla!


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