Yo he conocido las dos caras de Sergi Arola.
El cielo, que toqué cuando visité La Broche, por entonces dos estrellas Michelin y un verdadero espectáculo tanto en sala como en cocina.
El purgatorio, en el restaurante de Museo Reina Sofía... Una de las mayores decepciones que me he llevado, pues aunque no esperaba que fuera La Broche, sí creía que la cosa tendría algo de esencia Arola.
Parece ser que aprendió la lección y hace las cosas un poco mejor.
Dani