El Holocausto en Valdeorras y Ribeira Sacra. Capítulo 1. Dominio do Bibei
El año pasado en nuestro viaje por el Douro portugués rozamos la perfección. Este año, en la Ribeira Sacra y Valdeorras yo creo que la hemos alcanzado. Pocas cosas se me ocurren que pudieran haber salido mejor. Empezando por la climatología: porque estuvo diluviando hasta que llegamos nosotros y entonces apareció el sol como por ensalmo. Brujería? No creo, porque ya sabéis que las meigas no existen. Aunque haberlas, haylas...
Comenzamos con una visita a Dominio do Bibei (me apetecía especialmente visitar esta zona porque fue precisamente en un remanso del Bibei donde yo aprendí a nadar!). No podemos más que mostrar agradecimiento a David y a Chema que nos abrieron las puertas pese a no estar habituados a realizar visitas de terceros. Agradecimiento también a José Luis Contreras que medió en nuestro favor!
Dominio do Bibei está situada en la Ribeira Sacra, en la provincia de Ourense, Galicia, fundada a principios de los años 2000 con el objetivo de recuperar la tradición vinícola ancestral de la zona y elaborar vinos que reflejen la esencia del terruño atlántico. “Recuperar” es la palabra que más escuchamos durante la visita. Sus dueños, María y Javier, ven la bodega como un “proyecto” a muy largo plazo más que como un negocio. Un proyecto al final del cual sus hijos o más bien sus nietos verán la recuperación de una parte relevante de la viticultura de la zona.
Los viñedos de DdB nos sirvieron de prolegómeno a lo que íbamos a experimentar durante toda la semana y que bien merece el nombre de “viticultura heróica”. Si ya volvimos impresionados de la dureza que la viticultura en general y la vendimia en particular impone en el Douro, lo de esta parte de Galicia es para no creer. Cuando paras a apreciar la belleza de las terrazas esculpidas sobre esas laderas que caen a saco sobre el río hay que hacer un esfuerzo para no exclamar en voz alta: “pero a quién demonios se le ocurrió plantar viñas aquí??” Y la respuesta bien podría dárnosla el propio Obelix: “están locos estos romanos!”

Sus viñedos se extienden sobre 32 hectáreas dentro de una finca de 140 hectáreas, a altitudes que oscilan entre los 200 y los 700 metros sobre el nivel del mar. Estas parcelas se asientan sobre suelos de base granítica y pizarra ácidos y pobres en materia orgánica, lo que confiere a los vinos una marcada mineralidad y frescura.
En Dominio do Bibei conviven vides jóvenes y otras centenarias, plantadas en bancales que desafían la abrupta orografía del valle del río Bibei. La bodega apuesta por la diversidad varietal, cultivando principalmente Mencía, Brancellao, Mouratón, Sousón, Garnacha, Godello y Albariño, junto a otras variedades autóctonas como Caíño, Treixadura y Dona Branca. Este enfoque, alejado del monocultivo, permite preservar la riqueza genética y la identidad de los vinos, elaborados a partir de vendimias manuales y fermentaciones con levaduras autóctonas.
El clima es marcadamente atlántico, con inviernos y primaveras lluviosos, veranos secos y una gran amplitud térmica entre el día y la noche, lo que favorece la maduración lenta y equilibrada de la uva y la expresión del terroir en cada añada. Quien asocie Ribeira Sacra o Valdeorras con Galicia y extrapole temperaturas frescas es que no ha pasado aquí un verano: fácilmente se sobrepasan los 35º en julio y agosto y apenas cae una gota.
Realizamos una cata muy completa comenzando con un Lalama 2021, elaborado con Mencía, Brancellao, Mouratón y Sousón de viñedos entre 300-700 metros de altitud. Luego un Lacima 2020, ensamblaje de Mencía, Mouratón, Brancellao y Alicante Bouschet y que a mí fue el que más me gustó (aparte de verle mucho potencial de guarda); especiado y con estructura densa pero muy equilibrado. Pasamos luego al Lapola, un coupage de Godello (83%), Albariño (10%) y Dona Blanca (7%), cítrico y untuoso (con crianza en barricas, fudres y hormigón, si mal no recuerdo). Pasamos a un Dominio do Bibei, que es el vino más emblemático de la bodega y el que mayor proporción de Brancellao lleva (95%) y el resto Mouratón, con crianza de 19 meses en barrica de varios usos; floral y elegante. También un Lalume, varietal de Treixadura, frutal y mineral y con ese aroma sutil a hidrocarburos que a veces me recuerda a alguna Riesing. Y finalmente un “Confidential”, un ensamblaje de Brancellao, Mouratón, Sousón y Garnacha de viñedos en laderas extremas.
En resumen, una inauguración de lujo a nuestro viaje con una visita que no olvidaremos!