El hotel, de nueva construcción, se encuentra ubicado en la antigua bodega de Puelles (mejor el hotel que la bodega, sencilla, y el vino, nada especial). Dispone de seis habitaciones amplias y con un baño también amplio, aunque con ducha. El mayor inconveniente es que todas las habitaciones tienen dos camas juntas, no hay ninguna con una única cama amplia. Dispone de piscina climatizada con barra, jacuzzi y sauna (abierta la piscina todo el día, por cierto, nosotros la probamos bastante tarde por la noche), y con grandes ventanales que muestran el precioso entorno de viñedos. El personal muy amable y coloquial (para hacer la reserva bastó un número de teléfono y nombre de pila, como si nos conocieran de toda la vida), y una amable chica nos amenizó el desayuno, muy completo. El precio algo alto. La ubicación ideal para recorrer La Rioja, sobre todo de bodegas, cerca de La Guardia, Ábalos (imprescindible visitar López de Heredia, algo espectacular, no sólo en vino sino también en istalaciones - por cierto, compramos una botella de Viña Tondonia del 81 que estaba impresionante). Lo malo, la falta de restaurante, que después de cenar y el vinito, el coche no viene bien, pero el dueño te recomienda sitios.
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