Magnificamente situado, a dos pasos de la bulliciosa Broadway y justo en la esquina suroeste de Central Park, este hotel puede servir como alojamiento para visitantes puntuales.
No es un hotel acogedor, el hall parece un hervidero continuo, a ratos parece una estación de metro. Habitaciones amplias pero en decadencia, cuarto de bano espartano, no todas las habitaciones tienen minibar.
El bar del hall no invita a quedarse por lo comentado de lo concurrido y ruidoso de la entrada. Curiosamente la musica de ambiente contribuye al jaleo, alta y estridente.
La atencion que recibe el cliente es distante, fria, incluso seca.
Recomendable solo si vas a patearte Manhattan y no buscas nada acogedor.
Mejor pedir habitacion en planta alta para evitar ruidos de la calle y de motores de AA. Bueno, esto es recomendable en cualquier hotel de NY.
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