Tras mi negativa inicial a un abrasador día de rebajas de Julio en Valencia, me veo forzado a desplegar todo mi arsenal diplomático para lograr finiquitar un acuerdo en apariencia suculento: “Te acompaño a las rebajas si vamos a comer donde yo quiera”. No sé muy bien por qué pero a medida que se acerca el finde ¿mi idea? va perdiendo su atractivo inicial.
Reconozco que siempre me ha atraído la cocina asiática en general, pero una propuesta que combine el origen anglo-birmano del propietario con la esencia mediterránea que lo cautivó, debe resultar tentadora para cualquier foodie que se precie. Recuerdo precisamente que el año pasado por estas mismas fechas, mi brújula gastronómica apuntaba directamente hacia este local pero, incomprensiblemente, todavía no había divisado tierra. Por lo visto, el goteo incesante de nuevas “tentaciones” me ha conducido hasta Birmania por la ruta de las Indias Occidentales. Su idílica ubicación por otra parte, tampoco ha sido de gran ayuda, ya que el Mercado de Colon siempre me ha parecido una de esas zonas “atrapaturistas” de donde pongo tierra de por medio siempre que puedo. No obstante, a la luz de algunas propuestas que se van instalando por la zona, creo que debería reformular alguno de mis axiomas.
El local, ubicado en la planta inferior del mercado, es un ejemplo perfecto de arquitectura interior. La sensación de amplitud al acceder al local es palpable y la cocina escénica constituye una excusa perfecta para cotillear todo aquello que normalmente sucede fuera de nuestro campo visual. Una vez acomodados en una de las pocas mesas para dos personas, nuestros vecinos quedan un poco más cerca de lo deseable, aunque sin llegar a resultar incomodo. Una pequeña lástima, porque el ratio entre la superficie útil disponible y el número de comensales es bastante generoso.
Ya metidos en faena la carta tiene una pinta estupenda y, aunque ojeamos las opciones de menú disponibles en fin de semana, nos decidimos por una comanda personalizada. Al ojear la carta de vinos buscando un blanco, diviso un Godello, Gaba do Xil Valdeorras 2014, que el camarero nos indicó “off the record” que era el preferido del propietario. No sé si yo diría tanto, pero desde luego nos pareció espléndido. MODO PADAWAN ON: ¿me pareció detectar un cierto regustillo a plátano y vainilla, quizá? MODO PADAWAN OFF.
1.- Aperitivo. Crema de yogurt picante con pan de lentejas y comino
Buen comienzo. El picante se deja notar en la masa de la crema, cuya textura suave, resulta muy agradable.
2.- Rollitos de langostinos con sepia y nuestra salsa “chimma”
Los rollitos estaban muy buenos y la mezcla de los langostinos con la sepia conjuga realmente bien. Tras rebañar repetidamente la salsa picante con los rollitos, me la termino a cucharadas.
3.- Cangrejo de concha blanda al estilo Singapur
Justo el día anterior, habían modificado la carta y este plato acababa de entrar nuevo. Primera diana. El adjetivo “blando” indica que se come todo, incluida la costra del cangrejo que estaba frita. La salsa, dulce y picante al mismo tiempo, estaba de p*tísima madre y viene acompañada de un ración de arroz blanco basmati para mezclarla. Si pudiera, me hubiera tirado dentro como Obelix. Cuando vuelva lo pido seguro.
4.- Salteado de noodles con shiitake, verduras y tofu
Noodles de versión integral y perfil eco-vegano . Para mi gusto personal les falta algo de “chicha” bien sea de mar o de montaña. Como en la carta había dos versiones de noodles, simplemente pedimos las dos. Preferencias aparte, estaban buenos.
5.- Tallarines de huevo salteados con almendras y secreto ibérico
Excelentes. Salsa de corte dulce, que combina las almendras crujientes con el secreto ibérico. Para repetir.
6.- Polos estilo Ma Khin
Había 2 sabores disponibles: mango o frambuesa. En este caso, se optó por la frambuesa. Helado casero, de sabor potente y muy refrescante, servido en un plato con hielo para potenciar la sensación de frescor. Perfecto para terminar.
7.- Mi plan A era la Creme bruleé de jengibre y cardamomo, pero por lo visto la retiraron de la carta el día anterior. Segunda diana. Como plan B, me pasé al lado oscuro de la glucosa y pedí Sticky toffee pudding, pero se había terminado. Tercera diana. No tenía plan C, tocaba improvisar. Al activar la visión periférica pude divisar unas tartas con buena pinta en el expositor cercano. Tras preguntar por los ingredientes me indican que la primera es de zanahoria. No logro explicarme por qué las tartas de ¿zanahoria? están tan buenas, si son solo zanahorias. En este caso me pareció excelente, pero creo que es más indicada para un “afternoon tea” de los que anuncian en el local, que para terminar de comer, puesto que la densidad es más que apreciable.
8.- Fentimans Curiosity Cola
Apunte friki de la temporada. Entran unos guiris, se sientan en la mesa de al lado, piden dos bebidas y tras ver la carta, se levantan, pagan y se van. ¿? El macho alfa, había pedido una bebida de color oscuro que venía en una botellita cuya tipografía, forma y color recuerdan totalmente a las de salsa de soja. Mi compi me pregunta: ¿Qué es eso? Pues no sé, será una bebida rara de los guiris. Me pongo las gafas de lejos y diviso el logo de ¿Fentiman’s? Cuando llega el camarero para recoger la mesa le pregunto qué se habían pedido. En una demostración de paciencia y amabilidad nos trae de la despensa una muestra de cada uno de los ejemplares disponibles y nos expuso la filosofía del local sobre ellos. Resulta que en este local han optado por no ofrecer Coca-Cola, Pepsi, Fanta o cualquier otro sucedáneo de este tipo de refrescos “artificiales”. En su lugar ofrecen una alternativa más “eco” o “natural” por medio de estas bebidas que, al parecer, llevan mucho menos azúcar y algunos ingredientes naturales. Por simple curiosidad, al final de la comida probé la Curiosity Cola, porque no tenía ni la más remota idea de que existía una versión ¿premium? de la Coca-Cola.
Sin ánimo de entrar en un debate sobre su composición, me parece destacable que un local se preocupe por los productos que ofrece hasta el punto de sustituir los refrescos por alternativas supuestamente más saludables, sobre todo considerando que se trata de una política que, comercialmente, seguro que tiene consecuencias. Aunque yo no sea un consumidor de refrescos, valoro muy positivamente esa actitud porque estoy convencido de que es perfectamente extrapolable a cualquier otro producto de su carta, lo cual me ofrece una dosis extra de confianza. Si a todo ello le sumamos una cocina diferente, divertida y con gran variedad de sabores fruto de la fusión de diferentes culturas, el resultado solo puede conducir a buen puerto. Nada más salir por la puerta anoto dos palabras en mi cuaderno de bitácora, Seu Xerea, aunque esta vez me aseguraré de tomar la ruta Oriental.