Por fin puedo hablar de mi experiencia en este restaurante. Me atrajo, como a la mayoría, su decoración, la zona y, sobre todo, que estuviese abierto un domingo por la noche. Eramos seis y tras estudiar la carta con detenimiento decidí decantarme por la hamburguesa. Seca, triste, escasa y con un sabor extraño que todavía no he logrado adivinar. Decidimos compensar con el postre pero los colores y sabores químicos no cumplieron con la esperanza que en ellos habíamos depositado. Precio: 27 € por persona.
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