Cal Ganxo es toda una institución si hablamos de calçotades. Desconozco qué se servirá en él fuera de la temporada de calçots (ésta va más o menos de noviembre a abril) pues todo allí parece estar enfocado exclusivamente a la calçotada. Nadie nos enseño la carta y tampoco en su página web aparece enlace alguno a ésta.
El restaurante ocupa las múltiples dependencias de una antigua e inmensa masía en la pequeña aldea de Masmolets, muy cercana a Valls. Cuenta con un gran aparcamiento y se accede cruzando una serie de patios y jardines en los cuales vemos al personal del restaurante asando ya los anhelados calçots. El interior conserva todo el rusticismo de la masía, más si cabe en la sala donde nos acomodaron ya que se trata de la gran “almàssera” (sala de prensa) que mantiene esta antigua máquina de dimensiones descomunales. La luz es escasa y sobre la mesa, cubierta con mantel de papel, descansa un candelabro, el menaje para comer y dos hermosas “catalanas” (porrón o ampolla) repletas de vino tinto. Se puede beber directamente de ellas o servirse en la copa que tenemos cada uno enfrente.
Después de una cordial recepción y, sin mediar “negociación” alguna (aquí todos venimos a lo mismo) nos empiezan a servir el menú:
Tras la ingesta de los calçots nos invitan a pasar a una enorme pila que hay en la entrada por la que hemos accedido para limpiarnos las manos aunque también nos dicen que podemos hacer uso de los servicios convencionales sin reparo alguno. Mientras lo hacemos, se retira prácticamente todo en nuestra mesa incluido el mantel de papel quedando a la vista ahora el mantel de tela. Menaje limpio y proseguimos con el menú:
Llegamos realmente saciados al final de la comida. Resulta difícil valorar la RCP. Lógicamente aquello que se ha servido no alcanza ni por asomo el precio que finalmente nos cobran, pero la originalidad de la experiencia, la generosidad en las raciones y en el vino y el cava y un servicio eficaz y simpático justifican sobradamente la cuenta que se abona.
Decimotercera comida anual en este establecimiento de nuestra "Associació calçotaire" el pasado sábado.
Cal Ganxo es una antigua masía ubicada en la aldea de Masmolets, cercana a Valls, convertida en un restaurante dedicado ex profeso a calçotades. Con varios comedores y salas que eran antiguas habitaciones, la casa se ha remodelado respetando lo que eran algunos antiguos artilugios, como la prensa, algunas pilas, las escaleras...
La calçotada se divide en dos fases: en la primera, en mantel de papel y con un pechito para evitar salpicaduras de salsa romescu, se van pelando calçots (de ahí su nombre) con los dedos, se sumergen en dicha salsa anaranjada y se comen, tantos cuantos el comensal sea capaz de ingerir. Se acompañan con vino tinto en porrón.
Después de un cambio de atrezzo (mantel de tela, cubiertos y copas de cava) y de adecentarnos las manos, comienza la segunda fase: mongetes con alcachofas a la brasa, botifarra blanca y negra, chuletas de cordero presentadas en braseros. Es el turno del cava (Llàcrima d'or). Finalmente, crema catalana casera y naranjas de postre. Café incluido en el precio.
Después de tantos años de frecuentar este local, destacar que la calidad de la salsa romescu es uno de sus mayores alicientes (alguien en la mesa decía que la tenían que proclamar Patrimonio de la Humanidad). Los calçots, en esta ocasión, estaban un poco mustios y las carnes, excelentes, de muy buena calidad y con el aliciente de las brasas. Exquisita la crema catalana.
En cuanto al vino, el comensal puede escoger entre porrón o copas de batalla. Ya se sabe que es una calçotada y no se pueden exigir grandes lujos, esto hay que tenerlo en cuenta. Buen cava, no comercial, y café mediocre. Servicio muy amable que contrasta con el dueño del local, posiblemente pariente lejano de Ebenezer Scrooge, protagonista del Cuento de Navidad de Charles Dickens.
Magnífica comida e inmejorable compañía. Hay que hacer una calçotada al menos una vez al año.
Masmolets es un pueblito cercano a Valls, famoso por los "castells" y las "calçotades". Cal Ganxo vive exclusivamente de esto. Esta ubicado en una antigua masia restaurada con mas o menos acierto. Tiene diferentes comedores, algunos bastante mal iluminados y generalmente ruidosos, pues la mayoria de mesas son de grupos. Vajilla y cuberteria de estar por casa. El servicio de vino, con copas nefastas, no existe, nos dejaron una botella de cava encima la mesa, sin cubitera, ni nada..
Ahí ya se sabe a lo que se va : el menú calçotada, "calçots" con su salsa, parrillada de carne (costillas de cordero, botifarra negra, butifarra) con guarnición de alcachofas a la brasa y judías del "ganxet" (que no lo eran ni por asomo), crema catalana y naranja. Todo a discrección, puedes comer hasta a reventar.
Nada que decir sobre la calidad de la comida, excepto en las judías. Trato amable por parte del personal.
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