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Restaurante Mesón Cándido en Segovia
Restaurante Mesón Cándido
País:
España
Provincia:
Localidad:
Cód. Postal:
Tipo de cocina:

Añadir vino por copa

Precio desde:
30,00 €
(precio más bajo introducido por un usuario)
Nota de cata PRECIO MEDIO:
46 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
6.9
Servicio del vino SERVICIO DEL VINO
4.9
Comida COMIDA
7.3
Precio medio entorno ENTORNO
8.6
RCP CALIDAD-PRECIO
5.8
El restaurante Mesón Cándido, situado junto al Acueducto Romano de Segovia, se caracteriza por realizar una cocina tradicional castellana donde el cochinillo asado es su plato estrella. En la actualidad se encuentra dirigido por Alberto Cándido.

la comida
otro salón
Opiniones de Mesón Cándido
OPINIONES
22

Mi padre reservó aqui mesa para celebrar el futuro nacimiento de mi hermanito, asi que no conocía el lugar aunque he oido hablar de el.
Nos sentaron en un salón bastante acogedor, el salón Enrique IV, muy cálido y acogedor, y acorde con el entorno románico en el que se encuentra, pues se situa al lado del aqueducto Segoviano.
Los judiones son una delicia, y el cochinillo es único aqui, su Fama le precede y no nos dejo con mala opinión desde luego. La camarera muy pendiente de nosotros, cuidan muy bien los detalles, y el trato muy personal, ya que a mi madre embarazada la trataron como una reina (se lo merece, y lo es). Nos ofrecieron en principio el vino de la casa, del que no dudo que esta bueno, pero mi padre optó por pedir la carta de vinos, que es otra diferente a la carta principal, donde ofrecen una muy amplia seleción de vinos, de todas variedades y bastante buenos, mi padre, que es el entendido, pidió un Ribera del Duero, Hacienda Monasterio del 98, no nos duro mucho en mesa, pues estaba muy bueno. Apoyo las demas opiniones, pues no falta razón, MUY BUENO

el cochinillo mas bueno que te puedes comer en Segovia, junto con una ensalada con esparragos trigueros que quita el sentido, y unos judiones insuperables.
Son fieles a una gran tradición seguida desde hace décadas,cuando van a servir el cochinillo rompen el plato mientras interpretan una especie de oraciones, una pasada.
Estas a uno metro del acueducto, es mejor reservar mesa, pues es un sitio muy concurrido y con mucha fama, pero merece la pena ir, por lo menos para pegarse un capricho.
El vino de la casa debeis probarlo.

Sin poder decir que soy un habitual, he pasado ya varias veces por alli y siempre salgo satisfecho. Como es la primera vez que opino en estos medios quizás me repita, pero he de destacar los judiones y el siempre excelente cochinillo. Si se quiere variar el personal esta siempre amable recomendando otras opciones dentro de su tipica cocina castellana. Algo obligado al menos la primera vez que se visita Cándido es un recorrido por sus curiosos e historicos salones. La carta de vinos es muy amplia, de todos los precios, ya depende del bolsillo de cada uno, tambien es bueno dejarse aconsejar. La atención ya dije que para mi siempre buena. Yo lo recomiendo a quien se pase por Segovia.

hacia muchos años que había prometido a mi padre llevarle un día a Segovia y a comer a Mesón Cándido. Estuvo hace unos 30 años y tenía muy buen recuerdo del sitio, así que era de esas cosas que le apetecía repetir. y lo repetimos. Vaya sorpresa se llevó cuando lo vio... conservando la tradición pero innovando también. tomamos, cómo no, judiones (uno para los dos, porque estamos en edad de cuidarnos) y una ensaladita, y luego un cochinillo para dos, que no pudimos terminar. Tomamos un buen rioja de crianza y acabamos con un cafetito. Entre los dos, unos 96 €. Una buena inversión sin duda.

  • la comida

    la comida

  • otro salón

    otro salón

Hacía más de 30 años que no volvía a Cándido y lo más resaltable que me encuentro es que está a tope, que no comes un sábado sin reserva,aunque haga un día desapacible en el que uno supone que no habrá muchos turistas por Segovia.
Tanto público supone esperas, estrechez en las mesas, un servicio bastante justito, pero hay que reconocer que el personal está acostumbrado a la masificación y lo resuelven todo con profesionalidad y mucha amabilidad.
Y la comida, bien. Fuimos a lo seguro: cochinillo excelente, que lo sirven sin patatas ni ensalada ni nada de acompañamiento. Solo pan, también excelente, y un Ribera.
De entrante, unas setas guisadas para compartir, también muy buenas. De postre, ponche segoviano y cafés cortados.
Salimos con la sensación de que habíamos comido muy bien y sin sorpresas por poco menos de 90 €.

La visita junto con mi pareja al Mesón de Cándido la planteé como una parada cultural más en Segovia, debido a la fama de monumento gastronómico que tiene. Desde ese punto de vista, el local es un laberíntico edificio del XIX muy pintoresco desde el que puedes disfrutar de una comida mirando al Acueducto.

Local a rebosar, colas en la puerta (íbamos con reserva y entramos a nuestra hora). Servicio experto excepto en el caso del vino, se limitan a servirlo. Nos ceñimos a la principal atracción que ofrece esta casa, el cochinillo. Casi con total seguridad el mejor que he probado hasta ahora. En ese aspecto no defrauda, estaba exquisito. Como entrante elegimos lasaña de jamón, muy normalita. Tras solicitar un Val de los Frailes Prestigio y otro que tampoco tenían, optamos por un Emilio Moro Crianza 2008 (24.50. Ponche segoviano de postre y 2 cafés. En total 89.10 euros. Bastante razonable.

Si vuelvo a Segovia, seguramente vuelva a reservar en Cándido. El "otro" sitio tampoco nos defraudó.

Pues eso, pedimos de entrante caliente (así lo indicaba en la carta) una lasaña de jamón ibérico con esparragos blancos, y lo q resultó ser era una loncha de jamón al final, no sé que tenía de ibérico, la verdad, salado y pfff y las láminas de la lasaña eran hojas de col!!! verdura y un esparrago y encima frio, pedimos también cabrito pero como si hubiésemos pedido cochinillo porque sabía a lo mismo, como si la salsa la diluyeran con agua, falta de sabor además ibamos con dos niños pequeños y teniamos al camarero de pié a nuestro lado mirando con una cara...
En total pedimos dos entrantes, dos de cabrito y uno de merluza, con agua, dos cervezas y dos cafés y pagamos 108

Después de pedir consejo de dónde comer en Segovia me decanté por Cándido, más que nada por la fama que tiene, aunque no me habían hablado muy bien de él. Pero tengo que reconocer que tampoco está tan mal.
Teníamos reserva, pues si ella ni se te ocurra acercarte, siempre lleno, por lo menos los fines de semana. Nos instalaron en un salón de la tercera planta, todo lleno, mesas juntas pero no tanto, es decir, nadie se come lo de mi plato ni tampoco participamos de las conversaciones de los demás, hay muchos restaurantes que están igual o peor.
Comida más que correcta, pedimos lo clásico, judiones de la granja, cochinillo y ponche segoviano. Los judiones muy ricos, buena ración, acompañado con chorizo y oreja, mantecosos y bien condimentados. El cochinillo también correcto, suave, bien asado, sabroso, no seco y gran ración, lo único que se le hecha en falta es alguna guarnición. El ponche también rico, no lo había probado nunca antes. Total, que el típico menú segoviano aprobó con nota. El pan estupendo, hogaza de pueblo deliciosa. De los vinos no hablaré, puesto que como tenía que conducir no pedí nada.
Copas de vino clásicas de hostelería, de ARC, vajilla correcta y cubiertería también.
Trato más que amable y camareros muy eficientes, en todo momento atentos, nos sirvieron rápido y con profesionalidad. Y tuvimos la suerte de que Alberto Cándido, el jefe, hijo del afamado Cándido nos deleito con la típica ceremonia de cortar el cochinillo con el plato, recitando nose que bula real. Muy turístico.
Al final juiones para compartir, dos cochinillo, dos postres y bebida por 75 euros. No lo veo caro.
No digo que no repetiré, probaré primero otras recomendaciones que me han hecho, pero si tengo que llevar a alguien que nunca ha ido le llevaré y por supuesto lo recomendaré.

Sabía a lo que iba, creo que en mi primera visita a Segovia era visita ineludible Casa Cándido, por su historia, por su tradición, por su poso, por su fama, si. El entorno, en lo que se refiere a la casa, al pie del acueducto,creo que es evocadora, estoy de acuerdo con la anterior opinión que el peso de la historia está presente en el restaurante y eso lo hace agradable y tiene la capacidad de retrotaerte en el tiempo, ahora bien (y de ahí que mi nota no sea de 10 en el entorno) las mesas están excesivamente juntas y la cubiertería, vajilla y mobiliario muy mejorables.
La acogida en sala para mi no existió, tardaron más de 10 minutos hasta que alguien se acercó a traernos la carta y paso preguntarnos si queriamos tomar algo mientras.
En cuando a la comida, setas a la segoviana y cochinillo, ambos correctos, sin más, (Ahh mi hija pequeña tomó una tortilla francesa de 2 huevos que facturaron a 9 euros, ¡no está mal!). El postre uno de chocolate, que pasó sin pena ni gloria y para mí lo mejor de la comida el ponche segoviano, de 10.
Carta de vinos con una relación calidad-precio alta cuyo único mérito está en ser algo extensa, pero el primer vino que pido no lo tienen, (así también tengo yo una carta amplia). El servicio del vino sencillamente inexistente. Tome un vino de la tierra pago de Ardalejos (muy normalito, no recuerdo exacto el precio pero alrederor de los 18-20 €)
Bueno la conclusión final es quue sabía a lo que iba y tenía claro que en primera visita a Segovia quería ir a Cándido, decir que he estado, comprobarlo y equivocareme por mi mismo y si alguna vez vuelvo a visitar la ciudad, logicamene elegiré otras opciones.

"No es para tanto", es el comentario que suele salir en innumerables ocasiones cuando al final se acaba acudiendo, a un lugar tan mediático como el que nos ocupa. Y del no es para tanto al "mucho mejor en fulanito", hay un paso.

Emplazamiento absolutamente excepcional, al pie mismo del acueducto, la propia construcción parece retrotraerte tres siglos atrás, y casi es imposible no imaginar como sería por entonces una casa de comidas en Segovia. Una vez dentro del local, la decoración y estructura interior hacen juego con lo que se observa desde el exterior, mobiliario antiguo, que roza la incomodidad, tanto las mesas (un tanto pequeñas), como las sillas (no llegué a decidirme si en realidad eran cómodas o no), pero el ser recibidos con la cordialidad con la que te recibe Cándido (II), hace que la impresión es que esté invitándote a comer en su propia casa, la palabra entrañable se queda escasa, todo ello hace te hace perdonar en parte, quizás lo sobrecargado de mesas del local, lo cual no impide en absoluto que haya esperas excesivas o molestias. El servicio en general de lo más correcto, no destacaron ni positiva, ni negativamente. Vestido de mesa y accesorios, mejorables, tanto esto último como el estado de los sevicios, le privan de recibir un 10 en el entorno.

De lo puramente gastronómico, judiones de La Granja (9 €) y cochinillo (19,5 €), quizás para la gente del lugar, se puede quedar un poco corta la carta, pero para los que vamos una vez (y quien sabe si podremos volver), no necesitamos nada más, riquísimos ambos, ¿los mejores del mundo?, ¿a la altura de su fama?, no seré yo quien conteste a dichas preguntas, pero sin duda estaban ambos excelentes, y me atrevería a decir que ligeramente mejor que en otro restaurante igualmente afamado en el boca a boca, pero menos mediático. Raciones generosas, también probamos una ternera asada que se podría calificar de bastante floja, y postres tradicionales, de los cuales pudimos probar una pirámide de chocolate blanco, digna de un menú del día de carretera, tanto el postre como la ternera, le hacen bajar puntuación, pero limitándose al cochinillo y los judiones podría ser con facilidad un 8,5.

Carta de vinos y servicio del mismo normalito, sin mucha historia y con precio no excesivamente abusivos (tirando de memoria Hacienda Monasterio: 28€, Viña Sastre 20 €), cristalería, pues igual, flojita, pero tampoco nada negativo.

Precio total: Judiones a compartir, una de cochinillo, una de ternera, un postre (6€), vino agua y un carajillo: 98 € de 2 personas.

Conclusión, para mí es una visita obligada, clara víctima del exceso de fama que nos lleva a hacernos unas expectativas mayores de la realidad, o quizás el hecho de haber oído tan mal recientemente, me ha hecho valorarlo mejor de lo que podía haberse previsto, quién sabe, de todas formas aun le queda mucha vida antes de llegar a morir de fama.

Por cierto, acompañamos la comida con un Dominio de Atauta 2005 (36 €), que "no es para tanto".

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