Lamento enormemente tener que poner una valoración como esta a uno de los restaurantes comodín de los últimos años para mí. Soy cliente desde hace años del para mí siempre buen hacer de Lucca y Michele (corríjanme si no escribo correctamente los nombres). Siempre que quería quedar bien con alguien a un precio razonable la lluerna se convertía en una muy buena opción, y por allí han desfilado muchas de mis amistades que finalmente se han convertido en clientes. Pero amigos, ¿Qué habéis hecho este verano?, la palabra con la que definiría mis sensaciones durante las dos visitas que he hecho en las últimas semanas es vergüenza, he sentido una profunda vergüenza de llevar a cenar a alguien allí. Voy a centrarme en la visita realizada el pasado 07 de Agosto. Voy también a ser breve ya que creo que son pocas cosas pero muy serias las que me gustaría comentar. En primer lugar el cambio en la política de la carta, no sólo por la retirada de cosas excelentes como las zamburiñas a la americana, sino en la bajada de la calidad de platos insignia como el steak tartar y de otras tapas recientemente añadidas. En segundo lugar el servicio, no se puede ir todo el mundo de vacaciones (y digo todo) y mantener el local abierto con gente muy distante al mínimo de profesionalidad exigible a alguien que está cara al público. En primer lugar el señor que nos sirve el vino (bebimos dos botellas de viñas del vero pinot noir para cuatro), nos abre la botella, la descorcha, dice "se tiene que airear"... nunca vuelve. Se supone que cualquier hijo de vecino es conocedor de los tiempos de aireación correctos o que el servicio del vino ya no es importante en un sitio como la lluerna. Este señor se dedicó a deambular, dar palmas, mirar fijamente el último canelón de rabo de buey hasta que nos lo comimos, escuchar conversaciones e incluso bailar en medio de la sala. El resto del servicio unas chicas tan jóvenes como pedantes e inexpertas. Al final una pregunta acerca de si se cobraba o no el servicio del pan destapó la mala educación de una de las camareras que terminó por perder los papeles trayendo la carta y sonrojando a mis invitados, a lo que yo respondí, no sé lo que pensaría Lucca de todo esto. Finalmente nos fuimos con la mirada clavada y los susurros de las distintas camareras entre sí.
No busco una disculpa, ni siquiera es una valoración destructiva, sólo quiero que la lluerna vuelva a ser la luz que traspasa el techo e ilumine la mesa con la excelente relación calidad-precio-servicio que no muchas fechas atrás abanderaba este local. Yo de momento tardaré en volver.
Soy cliente bastante habitual del restaurante y hay ciertas cosas que todavía y con continuidad se repiten y que por desgracia ocurre cuando quiero sorprender a alguien nuevo:
1. El servicio del vino no se inicia con la pertinente cata en ocasiones, dependiendo del camarero;
2. En ocasiones la tardanza en la continuidad de los platos no está justificada por el público;
3. Todavía con comensales en la sala (23:30 h) rocían con productos de limpieza olorosos las mesas colindantes;
4. En definitiva, los camareros/as pecan de poca profesionalidad- buen hacer en ocasiones, cosa que para los precios finales que se pagan, no se justifica.
Por lo quee respecta a la comida, irregular: las ensaladas no las aciertan, en la mezcla de ingredientes y vinagretas, siendo a mi parecer bien sencillo. Ciertas novedades, cargadas y estridentes: se añoran sabores puros de materias de calidad.
He tardado bastante en poner el comentario (los duendes del adsl casero), pero la visita fue antes de fallas y no noté un bajón tan apreciable como habeis comentado.
Tomamos embutidos italianos (simplemente bien), hamburguesa de sepia (curioso parecido con unas lionesas), involtini de jamón, bravas y secreto. Si es cierto que no noté un particular avance en ningún plato, pero tampoco una bajada de la calidad.
De bebercio, varias cervezas (heineken), 1 botella de agua mineral, y un par de copas de un vino de Cádiz (¿Cortijo de Jara?), que no estaba mal. Copas adecuadas, atención apresurada aunque amable y efectiva. 90 euros para cuatro personas.
Comida para salir del paso en un día de fallas en el que el restaurante estaba lleno, por lo que nos ofrecieron comer en el tonel.
Pedimos unas cuantas tapas:
-Esgarraet con atún: el sabor del atún estaba embebido por el pimiento, por lo que solo sabía a pimiento.
-Ajoarriero: acompañado por unas rosquilletas. Correcto
-Croquetas de rabo de toro: bien de sabor, pero de tamaño diminuto y algunas casi sin relleno.
-Bravas: mucho ajoaceite y poco tomate. Nada que ver con las que preparaban antes
Las raciones por lo general me parecieron correctas y los precios algo inflados en algunos casos, sobre todo teniendo en cuenta la calidad de lo ofrecido.
No tomamos postre (todos a 5,5€ y 6€ y sin prácticamente elaboración)
El servicio fue rápido y amable a pesar del lleno
No puedo decir que comiéramos mal y salimos más o menos satisfechos, seguramente influidos también por el contexto en el que nos encontrábamos
La punta del Iceberg…?
Todos sabemos lo que es un mal día, pero no amigos lo que nos ocurrió el Domingo en La Lluerna no es un mal día, si no un cambio en la política empresarial buscando simplemente un mayor beneficio a cambio de “engañar” a los antiguos clientes. Porqué acuso de engañas, las fotos y mis explicaciones os pondrán en la pista, y aunque muchos no os lo creeréis, yo os invito muy a pesar mío a que los dudosos vayan a comprobarlo.
Ya sabemos que el espacio de Tapas de la Lluerna nunca destacó por una comida especial, más bien unas sencillas tapas y elaboraciones básicas de productos bien seleccionados para acompañar el vino. Pues bien, el tema del vino por ahora no ha cambiado pero en mi última experiencia, 7 amigos y yo nos sentimos engañados por la nueva “dirección” del local. Digo nueva porque a mitad de comida pedí si estaba por ahí Luca o Miquele (a los que todos conocéis) y menos mal que había un chico moreno de camarero que intentó que estuviésemos lo mejor posible dentro de todo lo mal que lo hicieron y que efectivamente me afirmó que hacía un mes que no estaban. A partir de ahí lo comprendí todo.
Raciones más escasas y de peor calidad, lo que ya apuntaban algunos comentarios pero peor no puede ser. Como veréis en la foto de la ensaladilla, ahora ya no lo hacen como antes, en aro y caramelizada más acompañamientos, ahora es un bol con un pegote de todo lo de la bolsa congelada pasado de hervir y con una salsa rosa o mahonesa chunga…
Además los precios se han subido y bastante, las patatas bravas pasan por arte de magia de 4,80€ a 6€ así como muchos otros platos. Adjunto la factura para los que ya han ido. Una de las vergüenzas más grandes las pasé cuando pedimos las croquetas de pollo. 8 exactamente. Todos conocéis las croquetas de jamón que hacían antes. Eran de unos 120gr o más. Grandes y daban el pego a caseras. Pues bien ahora hay de pollo y rabo de toro. A 2,5€ ignorante de mí pienso que serán parecidas a la de jamón que para eso tenían el mismo precio y se presentan con 8 croquetas de 40gr de “Valencia Gastronómica” de las de 10€ kilo, casi se me cae la cara de vergüenza (20€) por un plato con 8 croquetitas congeladas tipo la cocinera… uno de nosotros tuvo que pedir entrecot(nueva subia de 3€) sin ningún acompañamiento , una risa de plato para 17€...
Eso si colines comes en todos los platos, colines con espencat (de bote) y que precio, colines con ensaladilla, colines con el queso (único plato decente) pero sin presentación de quesos ni orden para comerlos.
El vino solo una botella fría, la otra caliente, tardan en traer copas, vamos un desastre.
Uno de los mejores detalles, probando un vino, un amigo le huele el vino a amoniaco y yo no me lo creía pero huelo mi copa y efectivamente huele a amoniaco, pero no el vino, todo el restaurante pues una chica quitaba las mesas y limpiaba con un producto que echaba con alegría a base de amoniaco, se lo comentamos al camarero educado que discretamente se lo comenta al extra maleducado, y encima aún se ríe de nosotros y nos llama snobs jeje se “tufa”… Para ella aquí está la foto para que veáis que no mentimos… Por lo menos hasta que acabamos dejó de echar el producto (luego de que sirve cuidar el vino y la cava si apestas a los clientes con productos químicos)...
Bueno al final desastre a 11€ por cabeza el vino (barato) y 27€ la comida (robo a mano armada) pues no comimos nada, raciones minúsculas, todo de 5ª gama ya elaborado, ninguna gana de agradar, y engañando a los clientes que se habían ganado con la anterior política. Tal vez sólo seamos una punta del Iceberg pero estos se hunden, eso lo digo yo…
Para que comparéis precios antes de la escampada directiva...
La "nueva" argamasa de ensaladilla nada que ver con lo anterior...
Menú del mediodía. Éramos 4. Entrantes muy buenos. Segundos, un arroz meloso de boletus y conejo estupendo y en su punto. Y una fideuá de fideo fino de marisco, impresionante de sabor y de punto. De postre Coulán en su punto de calor, sabor y licuación
Es la segunda vez que visito este local y su oferta cada vez me resulta mas atractiva, la carta de vinos es excepcional por la variedad de referencias que tienen y los precios me parecen muy buenos (hay vinos por los que he pagado mas en supermercado).
Nuestra elección, para cuatro comensales, fue de 5 platos a compartir y consistió en:
Brochetas de langostinos y alcachofas.
Pulpo a feira.
Pate de perdíz.
Hamburguesas de buey.
Patatas bravas.
A destacar las hamburguesas de buey, cuatro bocaditos con pan tostado y mostaza pero he de reprocharles el Pulpo a feira, duro, gomoso, parecía plastico.
He ordenado las tapas conforme nos las sirvieron y aunque al principio llegué a dudar si nos iban a servir las patatas bravas porque llegaron al final de la comida, pensandolo un poco me parece adecuado el orden teniendo en cuenta que los tomamos de forma que los sabores mas fuertes quedaron reservados para el final. Las bravas, con cayena, pican bastante.
Para beber un Santa Rosa Reserva 2004 (23€) servido sin decantar a una temperatura perfecta, exquisito, este vino se esta convirtiendo en uno de mis favoritos, aunque también tomamos unas cervezas mientras esperabamos la mesa, pues acudimos sin reservar (poco recomendado en fines de semana).
Cada nueva visita voy probando platos distintos para hacerme una idea de todo lo que ofrecen porque tengo claro que de seguir asi va a resultar mi local de referencia en Valencia, porque vivo a escasos metros y porque su relación calidad-precio resulta mas que adecuada.
Cena con amigos en este local veremero al que tenía ganas de acudir atraído por este foro.Pedimos las croquetas de setas-aceptables-,ensalada de mozarella,hamburguesas de sepia-de las que me esperaba más-,patatas,huevos y setas;y hamburguesas de buey-sin duda,lo más destacable-.De postres,volcán de chocolate-muy rico-y tarta de manzana con helado de romero-el limón le quitaba cualquier protagonismo al romero.De bebencia dos de Jaros 2006-rico-.RCP correcta,sin mas.El servicio correcto,pero no entiendo como existen locales todavía que, siendo siete comensales y después de pedir una hamburguesa de cada clase por persona nos digan que las raciones de hamburguesas son de cuatro!!!!!Siempre se queda la "viuda".Tampoco me gustó que solicitado el orden en el que queríamos el tapeo nos lo presentasen haciendo caso omiso a tal sugerencia y muy,muy acelerado,sin dar tiempo a terminar-cuarenta minutos duró el ágape-.Tampoco en las copas estuvieron a la altura,ya que después de pedir un güisqui y tres Tokaji 3.no nos lo sirvieran delante de nosotros,sino que nos los trajeron en la bandeja y en el caso del Tokaji,escaso-ridículo-mal de temperatura y de calidad(4.5 e).Así que en poco más de una hora ya habíamos abandonado el lugar.Nos indicaron que durante Fallas doblarán turnos,y ese no es un buen dato para un local.
Mi impresión es que más que un restaurante se trata de un local de tapas con decoración minimalista. La calidad y originalidad de las tapas merecen desde luego la visita. Tomamos la hamburguesa de sepia (imprescindible), milhojas de queso y berenjena, brascada de pisto y steak tatare. De postre el hojaldre de manzana con helado de romero (impresionante). El vino lo tamamos por copas de Ribera del Duero.Lo único negativo es que siempre está lleno (lo que require reserva) y que aprovechan demasiado el espacio (añadieron mesas de heladería en el pasillo)lo que les puede llevar a morir de éxito.
Con ésta ya son cuatro las veces que ceno en La lluerna, todas en la zona de tapeo.
Al grano: éramos dos personas y pedimos lo siguiente:
- Brocheta de alcachofas con langostinos. Bien, pero a los langostinos (rebozados) les faltaba algo de sabor. La tapa se acompaña de una salsa romescu.
- Croquetas de setas: muy buenas, lo mejor de la noche.
- Titaina de bacalo. A mí me gustó más que a mi pareja. Sobre un fondo de verduras pochadas sirven el bacalao, muy esponjoso y tierno, tipo buñuelo.
- Hamburguesa de buey. Nos sirvieron cuatro mini hamburguesas de carne jugosa, poco hecha por dentro. No está mal.
Para beber pedimos un Rejadorada pero resultó que no quedaba. Como teníamos ganas de probar el Mano a mano se lo pedimos al amable camarero que se encarga de los vinos. Es un vino correcto, tempranillo, de buena RCP, y que fue mejorando a medida que le 'dio el aire'. Sin embargo, a la próxima pediremos otro con mayor entidad.
De postre pedimos el volcán de chocolate (sigo insistiendo en que al chocolate líquido le falta cacao y le sobra agua...), y una tartaleta de manzana con un sorprendente helado de romero. Para acompañar estos postres nos sugirió un moscatel de naranja y un vino blanco dulce alemán que me encantó.
Es uno de mis lugares fijos por su gran oferta en vinos que es, sin duda, lo mejor de La lluerna.
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