A este tipo de local es al "típico" al que no puedes ir a cenar y ya está. No se reduce a saciar el primitivo instinto de comer, sino que ayuda a desarrollar otros hasta niveles jamás antes tenidos ni necesitados en el ser humano.
Pero cuando te ponen a tu servicio las mejores materias primas elaboradas en sus más optimizadas formas de preparación y fusionadas en la mejor amalgama de sabores posibles, el resultado no puede ser otro que el amplio disfrute del personal.
Esperemos que este restaurante, así como otros que tratan de apostar por estas formas más vanguardistas y arriesgadas de cocina, puedan seguir apostando por la creación y el buen hacer por mucho tiempo en nuestra ciudad.
Mis mejores deseos para Oleo y para los que, como Vicente Patiño, apuestan por llevar a otra dimensión al sentido del gusto a través del buen comer.
Carta de vinos no muy extensa, pero muy acertada. Vino servido a la temperatura idonea.
Hemos tenido la suerte de poder pasar unos días en Valencia y unos amigos nos habian recomendado OLEO.
El primer día que fuimos, despues de varios días de muchas comidas incluido Quique Dacosta, estuvimos en la barra de tapeo de la entrada.
Maravilloso absolutamente todo lo que tomamos: tataki de atún, ensaladilla rusa (ganó el premio nacional de lo mejor de la gastronomia), ravioli de pato con curry... bueno absolutamente todo excepcional...
Es muy raro que cuando viajamos repitamos sitios. Solo lo hemos hecho en dos ocasiones, en Casa Gerardo y aqui.
Al día siguiente repetimos. Esta vez en el restaurante y tomamos el menu Oleo alargado con algún plato que nos dijeron que no podiamos perdernos: la caballa agripicante y la empanadilla. La verdad nos encanto y algún plato que tuvimos oportunidad de probar es de los mejores que recuerdo haber tomado: me refiero a la menestra de apio con algas y manzana verde con fondo de apio nabo.Maravilloso. Cre que es el mejor plato del viaje y eso que hemos estado en alguno sitio realmente top.
La verdad,por si mismo el restaurante merece el viaje a Valencia.
He hecho un pequeño video que puede resultar interesante.
El servicio del vino bueno, la carta justa pero diversificada, el restaurante pequeño, coqueto, moderno, buena luz y buena acustica.
La comida costo 50 euros por persona con vino, vino dulce y copa invitación de la casa.
Un restaurante que merece el viaje y una barra que si estuviera en Madrid arrasaría. Que suerte tienen los valencianos y, por lo que me cuentan, que poco aprovechan esa barra.
Volveremos.
Aqui tenéis el link al video:
http://www.noselepuedellamarcocina.com/2011/04/30/flechazo-en-valencia-oleo-y-vicent-patino/
Muy buena opción para hacer una cena "diferente" y de calidad en Valencia.
Nosotros nos decantamos por el menú Oleo (3 Entradas, Pescado, Carne y Postre. 43€) en el cual son ellos los que te sirven los platos que quieren, eso sí, te dan opción de hacer los cambios que creas convenientes.
Entrantes:
Ostra consomé de gallina, manzanilla, acedera. (bueno, aunque nada especial)
"EMPANADILLA": Bonito marinado, emulsiÓn de pisto y coca de sésamo. Deciciosa!!! Sin duda, una de las sorpresas más gratas de la cena.
CALAMAR amb fesols i naps. Riquísimo y la presentación del calamar bastante curiosa.
Pescado: Dorada con emulsión de erizos, hierbas anisadas.
Carne: PRESA IBERICA, (P. del Quercus) tomate asado, avellana.
Tanto la carne como el pescado muy buenos.
Postre: Una especie de crema - helado de pera, con toques de regaliz y galleta... El postre me sorprendió muchísimo, ya que por sus ingredientes y a la vista no me prometía mucho, pero estaba espectacular.
El tema de las cantidades muy bien, ya que los platos en si no son muy abundantes, pero como son varios, terminas bastante saciado.
Así que, lo recomiendo totalmente. Todo un acierto para ir a celebrar citas especiales o a deleitarse con buena cocina de autor.
En la barra un poco incómodos por que es muy pequeña, mejor en la central aunque muy pegadas. La ensaladilla, la mini hamburguesa y la coca con verdura exquisitas. El pan delicioso.La carta de vinos muy mejorable. Pocas referencias y demasiado extranjero para mi gusto. Faltan vinos valencianos. Sólo un blanco y un tinto por copas sin dejar mucha opción de elección. Volveré sentado y otra comanda a ver que tal está.
Cuatro veremeros (dos valencianos y dos cantabros) nos acercamos a este restaurante para la comida del sábado del décimo encuentro Verema. No conocía el lugar ni de referencias, pero su cercanía el hotel con la posibilidad de acudir andando, nos decidió.
Tras tomar una cerveza en la zona de entrada, donde varias personas comían en las barras con los taburetes altos. De entrada nos dio buena sensación la amabilidad del personal. Nos acomodamos en el comedor interior, que ese día no tenia mucha clientela, decidiéndonos por el menú de arroz con dos entradas arroz y postre.
Caballa agripicante con praline de piñones y falsa empanadilla de bonito, fueron los entrantes. La empanadilla resulto curiosa y agradable.
Arroz: dos de arroz de embutidos habas alcachofas y piñones y dos amb fisols i naps. El arroz emplatado dividiendo cada dos para cuatro.
El arroz de nabos de los mejores que he comido.
No vi la carta de vinos pues de su elección se encargo “un profesional”, y tampoco me acuerdo de cuales fueron(no tomé nota y en esos días probé tantos que no me resulta posible recordar los nombres) pero si tengo claro que fue un riesling europeo y un tinto francés del 2000. Quizás el dato sea nada esclarecedor, pero lo comento, para justificar el precio como muy bueno, pues los dos vinos, solo subieron 7 euros por persona a la cuenta, ellos mas alguna cerveza.
En cuanto al precio salio a 40 euros persona, el menú eran 33 euros.
Frente al museo de las Atarazanas se encuentra el restaurante dirigido por Vicente Patiño. Nos decidimos por el menú Óleo cuyos entrantes fueron brandada de bacalao, ostra en su jugo con huevas, calamarcitos con fabes y falsa empanadilla de bonito y sésamo. Luego nos sirvieron dos principales, merluza de pincho con una suculenta salsa y presa ibérica muy jugosa. De postre helado de regaliz con toffee, pera y yogurt francamente sabroso. De vino un Rafael Cambra Uno.
En su conjunto resultó ser una cena cautivadora llena de mezclas de sabores apetitosos.
Sin duda repetiremos, aunque a la próxima en la zona de tapas, nos quedamos con las ganas de probar "La ensaladilla de Óleo" que recibió premio a la mejor tapa de España en 2009.
En el Certamen València Cuina Oberta celabrado en julio de 2010 visitamos el Restaurante Óleo y las sensaciones fueron muy buenas, así que decidimos repetir en esta nueva edición. El local, como comenté en su momento, me parece agradable y cómodo para disfrutar de la comida, con mesas bien vestidas y equipadas adecuadamente.
El menú de mediodía constaba de lo siguiente.
Para picar un platito de olivas, muy buenas.
Pan, tipo de pueblo, con su degustación de aceite (y sin sobrecoste).
Entrantes
Caballa agripicante con praliné de avellanas. Para mi gusto el plato menos destacado, el praliné contrastaba solo ligeramente el intenso sabor de la caballa , no obstante buen primer entrante.
Calamar sobre fessols i naps, calamar muy bueno y fántastico contraste con el fondo de fessols i naps.
Plato principal
Arroz de embutido. Potente y sabroso arroz meloso de embutido con setas y guisantes, realmente bueno. Previamente a servir el arroz te lo muestran en la cazuela. El arroz en su punto.
Pera, tofee y regaliz, postre delicioso en una composición repleta de sabores de la infancia.
Para beber tomamos un tinto de Ribera del Duero, La Planta 09 (20 €), acompañó correctamente la comida. El servicio del vino se limitó a aconsejar y dar a probar.
Finalizamos con café americano y café solo (2 € cada uno)
Servicio atento y amable , con buen ritmo en la salida de los platos. La cuenta sin ninguna sorpresa, 64 € dos personas.
Esta segunda visita confirma las sensaciones positivas de la primera. La cocina de Vicente Patiño reinventa de una manera divertida, oríginal y sabrosa platos clásicos de la cocina valenciana, lo que confiere una marcada personalidad a su propuesta culinaria. Me resulta convincente tanto el concepto como el resultado. Me quedo con ganas de probar el menú degustación y la zona de tapas, y por supuesto seguirá siendo visita obligada en una futura edición de esta semana gastronómica.
Es indudable que Vicente Patiño es uno de los cocineros con más talento y con más futuro (y presente) de Valencia. Su cocina así lo demuestra, tal y como pudimos comprobar en esta última edición de Cuina Oberta.
Esta vez y después de un par de visitas no del todo satisfactorias, el menú fué redondo. Un menú de temporada en el que destacaban los platos de cuchara.
Excelentes la Yema de huevo, patatas ,trufa y jugo de costillas y tuetano y el guiso de cerdo iberico, soja germinada, emulsion de legumbres. También me gustó, aunque menos, la Cebolla roja a la brasa, garum de sardina de bota,huevas de anchoa, ya que la sardina de bota junto con las huevas le quitaban protagonismo a la cebolla.
De plato principal Cordero glaseado, polenta cremosa de hongos y acederas. Muy bueno.
De postre Calabaza asada (presentada como una espuma),bizcocho de nueces y pasas,citricos. Una versión personal de la tradicional "fogassa" de semana santa, con un bizcocho que prácticamente de deshacía en la boca.
Destacar que todos los platos llegaran y sobre todo se mantuvieran a la temperatura perfecta, cosa que se echa en falta muchas veces en algunos restaurantes.
El servicio de sala rápido, eficiente y receptivo, incluso ante un comentario nuestro sobre la trufa de uno de los platos. Se preguntó en cocina sin haberlo solicitado, dándonos una respuesta clara y breve a nuestra obsevación.
Esta vez no tomamos vino, acompañando el menú con una cerveza valenciana, concretamente de Casas del rey llamada Altura de Vuelo.
En definitiva, un restaurante que poco a poco va asentándose, con un equipo joven pero a la vez experimentado y en el que se va notando, con el paso del tiempo, la compenetración, el rodaje y la experiencia
Es la primera vez que íbamos. Nos decidimos por la opción de restaurante y pedimos el menú degustación.
De detalle nos sirvieron una crema de boletus que estaba buenísima.
Los platos:
-ostra natural
-pilota con caldo y setas
-empanada pisto
-rape con gnocchi (espectacular)
-lomo bajo con salsa de mostaza
-fruta de la pasión con ron y chocolate
Vino: Les Alcusses
Cena para 2: 116 Euros
En general, muy buena experiencia. Por poner una pega, el servicio necesita mejorar, tuvimos que pedir pan un par de veces. El local es bonito, la próxima vez probaremos las tapas
Voy a hablar de mi primera visita a este local. Antes de nada quiero aclarar que sólo he ido a tapear, no he entrado a la zona de restaurante.
Iba con la ilusión de probar tapas de siempre con un plus de calidad, dado el tipo de establecimiento. Y mi decepción ha sido absoluta.
Os cuento:
Al principio, te sirven un cucurucho de cacaos y otro de aceitunas. Los cacaos, pasados. Las aceitunas, deliciosas, lo mejor de la comida. Con eso lo digo todo.
Hemos pedido cuatro tapas:
- Ensaladilla Rusa
- Calamar de playa a la plancha
- Croquetas de jamón ibérico
- Patatas (muy) bravas
Y dos cervezas para acompañar.
La ensaladilla rusa, en realidad no es tal, sino un mejunje a base de mayonesa y atún deshilado. La patata hay que buscarla con lupa. Yo he tomado un par de cucharadas y la he dejado. A mí mujer le ha gustado más, dice que aunque no se pareciera mucho a la ensaladilla rusa, estaba bien de sabor.
El calamar de playa. Ha llegado a la mesa más frío que templado. Bastante duro en su textura, y con un chorro de aceite de oliva barato (anda que no se nota cuando se usa un virgen extra) y un majado de ajo, perejil y... ¡almendra! Además de que el calamar era una castaña, me ha sorprendido el uso de las almendras, pues no aportaban sabor ninguno al conjunto. Mi pareja y yo nos hemos acordado al unísono del bendito calamar de playa que sirven en Casa Montaña. A años luz del de Oleo.
Las croquetas de jamón. Normales. Creo que ha sido la tapa que más me ha gustado. Bien de sabor, con un rebozado demasiado grueso, similar al de los trozos de pollo de KFC. Yo las hago mejor.
Las patatas bravas. La gran decepción (que ya es decir) de las cuatro tapas. Unos cuadraditos de patata mediocre, que parecían refritas (o al menos presentaban idéntica textura), oscuras y blandas, con una gota de salsa brava en su centro. En la salsa se apreciaba demasiado el sabor a ketchup con el que la han elaborado. Totalmente prescindibles.
Para acompañar, nos han sacado un panecillo redondo, que simulaba una coca de aceite. Bastante buena.
En total, 40 euros justos. No es excesivamente caro, pero sí está subido de precio. Casi 7.000 de las antiguas pesetas por 4 tapas (mediocres) y dos cañas.
Dada mi experiencia en la parte de tapas, no pienso ni acercarme por el restaurante. Y lo siento, porque era uno de los que tenía en mi lista de próximas visitas.
Resumiendo: precio alto, calidad mediocre, creatividad nula...
No volveré.
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