Malas críticas en Verema de hace muchos años pero aún así y por recomendación local me atrevo a ir a medio día, solo por si acaso. El local que funciona desde hace más de 45 años, es bonito con una amplia zona de terraza exterior cubierta y cerca del puerto (de ahí su nombre) con mesas amplias, bien vestidas con mantel y servilletas de tela, buenas copas, vajilla y cubertería que cumple. Hay otra zona interior y alguna mesa en el exterior que supongo será para la noche porque ahora cae Lorenzo a plomo.
Llegué pronto y el local se fue llenando poco a poco hasta casi completarse la zona de la terraza. El servicio con abundante personal fue rápido y amable con la cercanía suficiente sin excesos; muy de gradecer que hicieran arroz para un comensal solitario sin problemas salvo para el de centollo que al ser una piza entera se hace solo para dos.
La carta de vinos es suficientemente amplia con precios esperados (ver fotos); lamentablemente se cumple mi máxima que "el mejor vino es el que se bebe en compañía" porque en un restaurante si vas solo, estás perdido: o vas a copa de sabe Dios cuando está abierta, o en el mejor de los casos a medias botellas que siempre es de lo más sencillo de todos los vinos que tiene; y así fue: Viña Sol 2024 blanco en media botella aunque me comentan que la botella normal cuesta muy poco más y me la podía llevar a casa el sobrante; el problema es que no voy a casa, voy al hotel y va a quedar feo entrar con una botella de vino a medias.
En la carta de comidas hay mucha variedad de producto y me quedé con:
. aperitivo de la casa: unas aceitunas partidas con hierbas grandes de cortesía, buenas que aliviaron el tiempo de espera de cocción del arroz.
. fritura de pescado: con variedad de pescaditos con buen tamaño, bien rebozado sin sobras de aceite, bien de sabor.
. arroz caldoso con gambas y cigalas: un buen caldero con arroz en buen punto, bien de sabor y con gambas (gambones en realidad) y cigalitas troceadas con algún tropezón de sepia. Los extras eran para uno, pero de arroz había para dos y medio que fueron los platos que hice.
Un carajillo final servido en la mesa, de ron Pujol de la antigua casa Bardinet, y un chupito por cortesía, hicieron que con las pocas expectativas iniciales, saliera contento.