Celebramos una comida familiar 7 personas. El local está en la zona del Barrio del Carmen, centro turístico y político de la ciudad.
A pesar de que era un día de bastante calor, no estaba puesto el aire acondicionado, aunque como no había casi gente no llegaba a agobiar.
Para comer pedimos:
- dos de calamares romana (16 euros c/u): completas, pero normalitos.
- dos de clochinas (14 euros c/u) que nos recomendó la camarera: con abundante pimentón (no lo entiendo todavía) que enmascaraba el sabor.
- un esgarraet con mojama (no recuerdo el precio exacto): insípido.
- una paella de pollo y conejo para 7 (14 euros la ración): suficiente porque íbamos con dos señoras mayores que no comían mucho. No estaba hecha a leña. Aún así creo que fue lo mejor de la comida, sin pasarse.
- de postre tres flanes y un coulant de chocolate: nada especial.
- bebida: una botella de Zíos (Albariño a 16 euros): ni fu ni fa. Bien de temperatura, sin copas adecuadas, no nos lo dieron a probar y nos lo tuvimos que servir nosotros!!!. También dos aguas y dos cervezas.
- dos poleos y dos cafés.
La carta de vinos era muy poco variada y extensa. No había blancos valencianos. Este tema creo que lo llevan bastante mal.
El servicio amable pero poco profesional: no servían el vino, las cucharas las dejaron encima de la mesa y ya te las repartes tú.
Ni invitación a chupitos ni nada por el estilo.
Por cierto, el WC olía fatal. Si se te ocurre entrar a mitad de la comida se te van las ganas de comer.
Al final la cuenta era 219 euros, pero nos quejamos de los 5 euros de servicio de pan y nos lo descontaron. Total: 214 euros, 30 por persona que no justifican la calidad de lo que comimos.