Pajizo, limpio y brillante, con algo de lágrima.
Nariz fresca, de buena intensidad, en la que sobre un fondo levemente mineral se muestran aromas a melocotón, albaricoque, cítricos y manzana asada, así como toques herbáceos y balsámicos.
Entrada fresca y ligera, si bien poco a poco va ganando volumen. Tacto glicérico, con marcada acidez y algo de amargosidad final. Mediana persistencia en forma de notoria acidez cítrica.
Aunque se puede ya disfrutar de él, mostrándose tremendamente fresco y muy fácil de beber, ganará sin duda con un tiempo de reposo, por lo que aguardaremos al menos un añito antes de abrir la siguiente botella.
Pues es un blanco de Irouleguy, una pequeñísima denominación de origen que se ubica en la zona de Donibane-Garazi/Saint Jean Pied de Port y Saint Etienne de Baigorri. Es un vino muy personal, que elabora el que durante mucho tiempo fue enólogo de Chateau Petrus. Si no te mueves hasta Iparralde es difícil que lo puedas probar, salvo que te invitemos Sergio o yo con las botellas que tenemos, que no creo.
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