Es de un color rojo cereza picota, borde amoratado de capa alta, exultante de vida y de juventud.
En la nariz le cuesta abrirse, se va abriendo muy poco a poco. Saco aromas de fruta negra madura, soleada, hueso de cereza, hollejo, maceración, sale el dulce del alcohol, recuerda a la mermelada de arándanos. Parece un vino más adulto, es serio.
En boca, la entrada en inicio es fresca, algo ligera, se aprecia la acidez, la sequedad, el dulzor, pero cada uno por su lado. La fruta es leve y nada carnosa, viva o fresca.
Al tiempo, muy al tiempo, se centra, gana en cuerpo y en estructura. La fruta se palpa, esta concentrada y algo carnosa, es seca y madura. Sale un rasgo terroso.
En mi opinión, dicho con el máximo de respeto, al vino le falta chispa, le falta, precisamente, lo único que debería tener, juventud.
Juventud construida en base a la frescura y a un toque goloso, mediterráneo y varietal.
Embotellado en Noviembre de 2013.
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