Dorado, limpio y brillante.
Compleja y cambiante nariz, de mediana intensidad, que muestra aromas a pera madura, orejones, manzana asada, ciruela pasa en compota, mieles, ahumados, barnices, algún amago de unas notas de pegamento y ciertos toques oxidativos, sin que falten tampoco registros más frescos, como hierba recién cortada. Una gama aromática que deja a uno un tanto descolocado.
En boca es también un vino de lo más curioso. Tiene una entrada algo golosa, aunque de dulzor contenido, y que recuerda a la uva moscatel, pero a lo largo del paso de boca se torna más seco, de manera que se despide con notas levemente salinas y amargosas. De tacto untuoso, es un vino ligero, pero con volumen, mostrando además una buena acidez que le aporta un punto de frescura.
Un vino realmente sorprendente y atípico, que resulta además muy fácil de beber.
El verano pasado lo llevé a una comida de Restauranteros Levantinos y presentaba una nariz muy sucia, a pesar que en boca mostraba sensaciones parecidas a las que tu has descrito. Sobró un culín y al día siguiente, según me dijo Toni, seguía oliendo a cuadra.
Misterios del vino...
De vez en cuando salen vinos así, con una reducción que no se va ni aunque les oxigenes a base de bien. Hace dos días me pasó con un tinto extremeño de perfil bastante fresco que se llama La Zarcita, de bodegas Alange, y no hubo manera, pero al final nos lo terminamos bebiendo.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.