Amarillo limón con destellos dorados, limpísimo y muy brillante, sin rastro de turbideces o sedimentos. Precioso, junto con el Diamante Rva. 61, posiblemente el blanco más bonito que he visto. Increíble que un blanco en media botella con 70 años a sus espaldas se presente así.
Nariz de gran intensidad y complejidad, cambiante, empieza con tonos almibarados para ir
perdiendo esa dulcedumbre inicial y mostrar una amplia gama aromática: flores secas, fruta blanca muy madura, especias (canela, vainilla), fruta escarchada. Esplendoroso.
Paso de boca de ensueño, terso y con enorme volumen, graso, joven aún, con gran frescura y una acidez excelente, notas cítricas y de hierbas aromáticas, se expande por toda la boca y la inunda de sabor. Final larguísimo de excelente calidad.
Este vino de Bilbaínas es un auténtico desconocido, cuesta encontrar algo sobre él. Inaudita su fuerza y vitalidad.
Afortunadamente (y antes de que me lo pregunten algunos que yo me sé), tengo más botellas. Bendita locura, es sin duda un vino excelso.
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