Una entrada muy suave y delicada, pero de final muy agresivo, por su tanicidad indomada.
Más anguloso que otros Grand Cru en Romanée, mucho torrefacto y café, quizás por la elección de la madera o el grado de tostado de la barrica, pues sabemos del juego que realiza Mounir Souma con las barricas personalizadas por él, para la misma viña o parcela con diferentes barricas.
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