Visual:
Picota de ribete violáceo claro. Limpio y brillante. Lágrima glicérica,
Olfativa:
El primer impacto es de unos balsámicos no muy ostentosos. Ahumados, mineral que con oxígeno se vuelve metálico. Fruta roja fresca que al tiempo se vuelve ácida. Trufa negra, pimienta negra, flor morada, caramelo duro y vegetal.
Gustativa:
Frutal, goloso, cálido, tiene buena permanencia, bien de acidez, lácteos, regaliz negro, fruta negra, tostados.
En nariz es franco y directo con concentración de fruta roja muy opulenta, notas minerales de grafito y balsámicos de pino. Con oxigenación la fruta se hace más cálida y deja recuerdos a guindas en licor.
En boca tiene un ataque amplio y frutal, te despistan las pinceladas de canela pues es un vino que no tiene crianza en barrica, se muestra goloso, intenso y cálido con sabor a fresa ácida y cerezas.
Al día síguiente la mineralidad es más metálica en nariz, los balsámicos menos intensos y mantiene la fruta roja. Se incorporan la trufa negra y la pimienta, negra también y aparecen unas sutiles notas florales.
En boca es más suave y goloso pero sin perder la acidez de la fruta roja ni la notas especiadas de la canela. Aparece el regaliz negro y las fresas se convierten en caramelos.
Un vino con mucha opulencia frutal que sorprende por su recorrido al encontrarse como un chaval con tres años de vida y sin haber tenido contacto con madera. Un descubrimiento.
Autocarro nº 27 2012
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