Nos hemos traído hasta Ecuador de nuevo este Barolo que nos salió rana el pasado mes de Julio. Éste proviene de otro proveedor diferente y esperamos mejor suerte.
La botella presentaba un nivel de líquido bueno, justo por encima de los hombros. La abrimos usando el abridor de lamas y sacamos el tapón integro excepto un pequeño trocito que cayo al líquido pero que pudimos sacar sin problemas. La dejamos respirar por espacio de 4 horas y media antes de proceder a su cata a 18°C. Esta vez los aromas son excelentes, la cosa promete...
VISUAL: Vino de color rojo cereza, brillante y de capa media con un amplio ribete anaranjado. Ni rastro de lágrima en la copa (90).
OLFATIVA: En nariz es muy agradable, aromas de fruta roja y negra en compota y balsámicos de eucalipto. En movimiento nos embelesa con todo un festival aromático, algo realmente impresionante. Apreciamos florales de rosas marchitas, desván, polvorilla, alquitrán, notas de regaliz, especiados de fenogreco y clavo, herbáceos de estragón y poleo menta, notas sanguíneas, pelo animal, cuero curtido y café tostado... buffff, qué barbaridad!! De fondo unos delicados apuntes amaderados, roble, cedro y duelas enviandas. Madre del amor hermoso!!... que complejidad y que perfecta definición de cada matiz, algo estratosférico y encima de intensidad media-alta. Un 67 que parece muchísimo más joven con una nariz de las que no se olvidarán facilmente, sin duda entre las 10 mejores que he probado (97).
GUSTATIVA: En boca es un obús, punch descomunal, con una acidez impactante y de mucha amplitud. Taninos muy dulcificados pero presentes a cada sorbo, proporcionando carácter al vino. Paso por boca muy amable, de cierta frescura y muy elegante. Retronasal afrutado, dulzón, con notas de chuches de fresa, mermelada de frambuesa y deliciosos recuerdos a dátiles, cacao y madera. Persistencia de casi tres minutos de gran disfrute. Recuerda a un gran reserva riojano del 70, complejo, con altísima acidez y mucho cuerpo, nadie diría en una cata a ciegas que se trata de un vino con 50 años. Tremendo ensamblaje que ha generado esta bestia, este descomunal vinazo que gracias a Dios nos ha hecho olvidar la nefasta experiencia del pasado mes de Julio con otra botella exactamente igual. Ejemplo perfecto de la influencia de la conservación por parte de los proveedores en el estado de los viejunos. Uno puro vinagre (proveedor italiano) y éste una auténtica joya (proveedor alemán). Bien ganada tienen su fama (los alemanes y los Barolos), doy fe de ello, je,je.. (95).
La RCP la considero excelente. Pagamos 40 euros por esta botella pero es que vale más de 100 sin ningún género de dudas.
Para acompañar este caldo el primer día preparamos un plato de queso curado de oveja con jamón, chorizo, lomo embuchado y salchichón ibéricos. Nuestro plato de los lunes. Delicioso este Barolo, manteniéndose en todo lo alto, sin apocarse ante los potentes sabores de los embutidos ni del queso. Para rematar la botella nos preparamos dos días después unos filetes de res a la plancha con unos trigueritos y el vino seguía en todo lo alto, sacando pecho. Espectacular maridaje con la carne roja, pura armonía entre los apuntes cárnicos y las notas animales de nuestro viejuno con un fondo de fruta y madera que aportaba elegancia y delicadeza a cada sorbo. VI-NA-ZO que recordaremos por siempre. Para disfrutar la Dolce Vita con pasión, un pedacito de la historia de Serralunga d'Alba.
Salud-os!!
Teníamos una comida con unos amigos en mi casa y les prometí tres buenos vinos para amenizar una buena paella veraniega. Escogí algo variadito: este Barolo de 1967, un 904 de 2001 y un Valbuena de 1990. Abrí las tres botellas 3 horas antes de que llegasen y me puse a catar a las dos horas.
Al abrir este Barolo me encuentro con un tapón seco y bastante frágil aunque con paciencia y con el abridor de lamas conseguí salir del paso. Acerco la nariz a la botella y me llevo una nefasta sorpresa pues aparecen aromas avinagrados intensos. Sirvo en la copa para ver de qué se trata y me encuentro con un color marrón clarito, señal de que la cosa no va bien. A las dos horas nada cambia, el vino es vinagre. Dejé la botella hasta el día siguiente pero nada...un excelente vinagre de Barolo, qué pena!
En fin, lastimosamente un pinchazo con otro viejuno, en este caso con un Barolo (y van dos) pero somos conscientes de que el riesgo existe cuando hablamos de vinos con 50 años, "la vita è così". Afortunadamente de cada 20 o 30 botellas viejunas nos sale una mala o incluso menos, así que el ánimo no decae...pero jode un poco, je,je... Obviamente no puntúo.
Larga vida a los Viejunos!!- Salud-os!!
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