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En momento espectacular esta botella: mucho mejor que la bebida hace 7 meses

Botella nº 2.185 de 4.600

Disfrutado el domingo 10-N con Bojos Pel Vi, como tinto de sobaquillo que aporté, en el Restaurante Casa El Tío David.

Corcho de buena longitud y grosor, bañado en vino rojo picota hasta más o menos 1/4 del interior del mismo que huele muy bien. 

Descorchado con sacacorchos de láminas (saliendo el corcho perfecto).

Abierto una hora antes de disfrutarlo. Sin decantación.

Visual

Picota oscuro de capa alta, ribete cereza-transparente con leves destellos atejados (menos evolucionada que la botella que descorché hace 7 meses), limpio (salvo algunos posos en el ribete en las últimas copas), brillante y de fina y abundante lágrima de lenta caída.

Gran visual y corcho para un vino de 29 años. (9,6)

Nariz

De elevada intensidad con abundantes notas de fruta negra madura, balsámico-mentolados potentes, flores azules y violetas ya algo marchitas (pero menos que la botella anterior), pimienta negra, laurel, nuez moscada, canela, vainilla, un punto mineral y como a licorella que me recordaba a grandes vinos de otras DOQ como Priorat (por los Priorat con años bebidos de los 90s), torrefactado, con notas de chocolate y cacao que, junto a los tostados finos y cremosos de la madera, lo envuelven espectacularmente bien.

Gran nariz la de esta botella. Tremenda. Tiene de todo: fruta, complejidad, elegancia, equilibrio e intensidad. Muchísimo mejor que la botella abierta hace meses (ha salido mejor el corcho y mejor el vino claramente). (9,6)

Boca

Ataque con fruta negra madura, de muy buena potencia y peso, de delicada contundencia, de buena acidez muy bien compensada en todo el conjunto, fresco, muy seco, suave, de mayor volumen que lo recordaba (medio-alto), expansivo, densidad media, cuerpo medio-alto y gran estructura todavía (mucho mayor que la botella anterior). 

Paso por boca sabroso, redondo, equilibrado, elegante, con taninos suaves y pulidos perfectamente integrados con la acidez y el conjunto del vino. Una maravilla.

El final es de gran longitud, con fruta negra madura, chocolate, cacao, notas cremosas de madera, un puntito vegetal-especiado, mentolados y herbáceos en un retrogusto y retronasal espectacular (sobre todo por el equilibrio, redondez e integración del vino).

Gran boca. Fantástica sin paliativos. (9,6)

Esta botella, en efecto, a diferencia de la bebida hace meses, sí está aún en momento óptimo de disfrute y ha sido una gran suerte el haberla podido disfrutar.  

Nos salió un portento. A ciegas varios amigos se iban a Ygays de 20-25 años, 904 del 2001, Riojas Reserva de finales de los 90, etc... nadie adivinó que fuera un Ribera del Duero burgalés (y menos nadie que se acercara al año 1990).

Vinazo sin discusión, al nivel de los grandes vinos de Rioja Alta y Ribera de los 90. Como me dijo David (dueño de Restaurante Casa El Tío David cuando lo bebió y descubrimos la etiqueta: cura de humildad, "choca esos cinco").

En este caso, se le notan hechuras para haber podido pasar ampliamente de los 30 años aunque, EMHO, creo que hicimos bien en abrirlo hace un par de domingos, pues estaba en el momento excepcional que de todo gran vino se espera: ese momento de madurez, fruta, equilibrio, garra, acidez y redondez que a muchos enófilos nos pirra ;-)

Viendo lo que pagué por la botella, creo que la RCP es, sencillamente, excelente.

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