Rojo cereza de capa alta y ribete violeta. Estupenda nariz de corte balsámica que expresa aromas de frutas rojas maduras. Hay notitas vegetales muy limpias, de corteza de arbusto, regaliz rojo, hierbas aromáticas de monte bajo con aromas de anisados y leves ahumados vegetales muy unidos a la fruta roja madurita. Conforme se airea la fruta adquiere un carácter fresco y pocho al mismo tiempo, dando en su final notitas de guirlache y algodón de azúcar. En boca es rico, de ataque suave bajo sensaciones de fruta roja madura y matices de caramelos de fresas con anisados. Buena acidez y equilibrio en el paso, que llega hasta un posgusto frutal de mermelada, levemente amargoso y con ciertos recuerdos ( leves ) de jarabe para niños y Oraldine, pero en donde también se posa la mayor expresión tánica del vino en unión con su acidez. Retronasal muy balsámica y con fruta roja madura. Un vino con un perfil muy peculiar, distinto y con una necesidad de botella evidente, no para que redondee taninos de su crianza, sino para que la sinfonía de los terciarios empiecen a dotarlo de más complejidad ( será un proceso de años ). Creo que en un polo de la Ribera del Duero podrían estar por ejemplo los Aaltos, Carmelo Rodero o los Pagos de Carrovejas y en el otro polo este tipo de vinos más “ femeninos “ en sus formas y balsámicos ( y eso que tiene 32 meses de crianza en barrica ). Es una delicia, con una fruta roja madurita y mentolada, como solo la Tempranillo bajo la batuta de las buenas bodegas puede dar. Un vino para disfrutarlo en este mismo momento ( como es el caso ) o para guardarlo unas décadas más.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.