El color aparece de cierta capa rojiza con buena tonalidad. No es ligero en su movimiento y al principio la nariz es costosa de expresarse. Bueno, vamos a darle tiempo y era curioso cómo cambiaba el asunto de olerlo de unas copas a otras.
El vino cambia. Va a más. Mineral, roca, suelo, barro, si alguna vez sacan una raíz de viña del suelo (¿no se avecinan arranques con las nuevas regulaciones?...aprovechen), huélanlas y lo identificarían con este vino. Va ganado en una atractiva complejidad y profundidad. Fruta negra que recuerdan a las prunas, regaliz y un fondo de hojarasca seca. Se aprecian tostados, restos sutiles avainillados y de moka, cacao y chocolate negro. Al rato eran más especias…Era un vino de muchas horas.
Bufff, es intensa dándole algún meneíto en la copa.¿Y si lo llevamos a la boca? Ahí me tumbó y me ganó. Me rindo ante él.
Entra no demasiado potente pero pega un estallido dentro que alucinamos todos los presentes. Es eléctrico, vivo y a la vez elegante, con gran estructura, acidez magnífica y un tanino del fruto realmente sabroso. ¿La madera? Aquí no hay serrerías en la sala de barricas: trabajada tremendamente bien. Es largo, muy largo, de nuevo las sensaciones minerales y de moka aparecen, así como restos especiados y de fruta negra.
Iba estando cada vez más abierto con el paso de los minutos y quizá se podría afirmar que con esa viveza que presenta la capacidad de desarrollo en botella debe ser larga y espero poder comprobarlo en unos años.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.