Han transcurrido, casi, 29 meses desde la última botella bebida de este magnífico vino. ¿Qué me he encontrado?. El corcho en buen estado. Eso sí, la cara que ha estado en contacto con el vino muy tintada.
¿A la vista?. Mantiene su capa, su lágrima, pero el color ha evolucionado. Ya no hay notas de color violeta. El rubí y el granate han aumentado significativamente. ¿La lágrima?, pues abundante, gruesa y muy lenta en su recorrido por el cáliz de la copa y todavía la tinta. ¿El ribete?, granatoso y rubí.
¿En nariz?, mantiene sus abundantes frutas negras y la madera de su crianza permanece en segundo término.
¿En boca?, pues es donde mejor se expresa. Es opulento, equilibrado, muy elegante, con mucha fruta, con volumen y carnosidad, bravo y manteniendo una fresca acidez que invita a beber y beber. ¿Los taninos?, pues todavía domándose. Con una larguísima vida por delante. Gratísimo, elegante, frutal, poderoso y opulento paso de boca. Sigue siendo un vino muy, muy largo. Me da una permanencia de 4,30 minutos.
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