Pedro Balda es un enamorado del vino , de la tierra que lo produce y de sus antepasados que la trabajaron. Creo que algo de ello se refleja en su vino. Se refleja la fruta madura, fruta negra que alcanza su máxima expresión en boca cuando transmite sensaciones frescas de maceración con otras de crianza, de cierta mineralidad, de tinta, de volumen ,de tostados y de cacao. Esta añada es rotunda en su paso por boca. Parece que Pedro mejora añada tras añada , seguramente este 2016 es lo mejor realizado hasta la fecha. La etiqueta es un homenaje a esa tierra y a sus antepasados. Bravo Pedro¡¡
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