Ambarino con irisaciones doradas. Nariz biológica, con rasgos punzantes y salinos, anacardos, nueces, junto con albérchigos y membrillos muy maduros bajo matices vegetales, herbáceos y de hierbas aromáticas evolucionadas. Hay notas de piedra caliza, maderas viejas envinadas, tierra de albero rociada, miga de pan, levaduras, velo de flor, flores marchitas, pomelo viejo, soja, aires de marisma, yodo, fósiles, conchas de playa y piedra pómez. En boca es muy sápido, carnoso pero con sensaciones de miga de pan, amargoso, vegetal, también glicérico, con un punto de salitre que te recuerda a la baja mar seca. Evolución donde se pueden masticar las sensaciones y que te lleva hasta un posgusto levemente astringente, amargoso, de tabaco, biológico, seco, vegetal, muy duradero y de recuerdos salinos por vía retronasal. Estamos ante un grandísimo vino Fino, podríamos decir que, a la antigua, que van un paso más sobre la crianza bilógica y donde el entendimiento con el oxígeno se hace más evidente por su mayor crianza media. Enlaza los aromas de la nariz con los sabores de la boca en una sutil y persistente sensación global vegetal, salina, yodada, calcárea y aldehídica, que sin lugar a dudas habla el idioma biológico con la retronasal y que tan bien interpreta el enólogo Alberto Orte. Impactante.
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