En 2001, Monte Real cambió de estilo elaborando su vino con un cien por cien de tempranillo : el comienzo de la decadencia. Cuando catamos esta botella, chapada a la antigua, nos damos cuenta de que hay una brecha entre el mundo de ayer y el mundo de hoy : va bajando el nivel.
De color rubí rojizo con reflejos ambarinos, destaca por su fuerte intensidad inicial y combina la potencia olfativa y la mezcla compleja de los olores a tomates secados al sol, a madera vieja, a cuero de Rusia y a mondaduras de naranja. En boca, es puro placer con su notas de higos blancos escalfados, de fresas " Mara de los bosques " y de pimentón húngaro. Amizclado, levemente avainillado y especiado, recuerda su estallante juventud y combina estructura y ligereza : sus taninos muy suaves, casi ausentes, prolongan el final con finos amargosos. A pesar de sus treinte y ocho años a sus espaldas, sigue adelante - vivaz como un zorzal - como si el desfallecimiento no existiera.
No hay duda alguna : excepto López de Heredia, La Rioja Alta y la C.V.N.E., casi la totalidad de las bodegas riojanas, compradas por grupos de interés, han vendido su alma al Diablo. Basta con comparar las añadas, y analizar los métodos de elaboración, eso salta a la vista : los amantes de La Rioja clásica vivimos añorando los buenos viejos tiempos. ( PVP : 11,95 € )
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