En el amplio territorio bordelés, podemos hallar vinos que no gozan de gran fama pero cuya calidad es obvia : frente a los pesos pesados del Médoc, estos liliputienses pueden deparar sorpresas.
Al cabo de quince años, este Château Paloumey muestra un color violáceo oscuro, tan opaco que no se ve a través de la copa : no hay ningún signo de evolución y pudiera ser un tinto del 2015. Desprende aromas terciarios, discretos, de tabaco de Virginia, de sotobosque y de té negro. Incrementa su volumen e intensidad en boca, a medida que va abriéndose : hay gratas notas que recuerdan a las cerezas garrafales, a las zarzamoras, a las habas de cacao y a las cáscaras de trufa negra, con raros matices mentolados. Liviano, muy selecto, sutil, de medio cuerpo, bien construido, marida a las mil maravillas con nuestra comida : la sencillez voluntaria.
Hay falsos valores en Burdeos, vinos espesos, amaderados, vendidos a precio de oro, productos especulativos. Hay también joyitas al alcance de todos los bolsillos pero demasiado pequeños para ser mediatizados, como debería : un famosísimo poema de Victor Hugo pudiera ilustrar nuestro propósito : " Magnitudo parvi. " ( PVP : 14 € )
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