Vista: Tonos cobrizos y caobas se entremezclan con reflejos miel, de capa media y con el ribete ancho diferenciado en tonos ámbar. Limpio y aún con brillo. Lagrima abundante, ancha y de caída lenta prácticamente transparente. Sigue vivo.
Nariz: Es una oda a los terciarios, la reducción y el clasicismo más puro. De aromas limpios, elegantes y delicados. Hace gala de buena intensidad y persistencia. Surgen aromas de pieles curtidas, tabaco rubio, nuez moscada, pimienta, hongos, hojarasca...Es como tener un pedazo de otoño en la copa. También queda un definido rastro de aquella fruta con la que nació, manifiesta en la dulcedumbre y los aromas de piel de naranja, frutas escarchadas y dulce de membrillo.
Boca: ¡¡Maravilloso!! Refinamiento clásico en su máxima expresión. Elegancia y delicadeza sublimes. Puro terciopelo. Y a la vez tiene nervio y viveza, con una presencia muy notable. Tiene volumen para colmar la boca, acidez que barre el paladar y taninos que se dejan sentir en la encía. Es un néctar de rica y adictiva dulcedumbre. De frutas escarchadas, dulce de membrillo y cascaras de naranja en licor. Y las especias, el tabaco, los hongos...Postgusto intenso y de magna persistencia que no deja "sensación plena", si no que deleita y te deja embelesado.
En 1498 Leonardo da Vinci pintó La Ultima Cena. En 1501 Miguel Ángel esculpió el David. En 1998 Bodegas Riojanas vinificaron este Monte Real Gran Reserva Edición Limitada.
Vista: Marrón claro con destellos ocres y amielados, de capa media y con el ribete ancho diferenciado en tonos teja y ámbar algo apagados. Limpio y brillante. Lagrima abundante, ancha, de caída lenta y transparente. Visual evolucionada pero que aún transmite viveza.
Nariz: Apagada, cerrada y poco expresiva. Muy dominada por aromas de reducción, cuero y cuadra. Apenas se perciben notas de flores marchitas, especias y tabaco rubio. Al menos en esta botella el "bouquet" ni esta ni se le espera.
Boca: Aquí si da la talla. Soberbio. Es sutil, delicado y elegante. Entrada en boca con una aparente fragilidad que pronto desaparece barrida por una intensa acidez, afilada y penetrante, que le dota de estructura, profundidad, carácter, viveza y nervio, marcando un recorrido largo y con un volumen que va creciendo hasta colmar la boca con delicadeza y elegancia. Tacto aterciopelado que resulta una caricia en el paladar. Taninos de lujo, aún muy vivos e intensos pero bien pulidos, aportando profundidad y persistencia. Paso con mucha complejidad y armonía, redondo y equilibrado. De forma pausada y sosegada nos va entregando fruta roja reducida, hollejos secos, confitura, ciruelas pasas, albaricoques secos, orejones, compota, membrillo, cascarillas de naranja en licor. Se marcan lo cueros y el regaliz, dando paso a especias como la nuez moscada y la canela en rama, y notas de tabaco rubio. Todo envuelto en una maravillosa dulcedumbre que nos lleva a un postgusto pleno y muy agradable.
A pesar de la nariz me ha parecido un fantástico Gran Reserva de Rioja. Hecho como los de antes, sin sucumbir a tendencias más modernas que, bajo mi punto de vista, dan lugar a vinos que se quedan en la indefinición y en muchos casos caen en la vulgaridad, no siendo ni clásicos ni modernos. Bravo por las pocas referencias que mantienen la tradición, como Bodegas Riojanas, La Rioja Alta, Tondonia o Faustino, por nombrar las más ilustres.
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