Madre mía. Sorprende que para ser un vino de menos de 20 € de Nueva Zelanda esté tan bien.
Tapón de rosca y todo en contra, pero una vez que lo abrimos empieza a rebelarse. Fruta primaria (piel de manzana, níspero, pera, manzana, algún cítrico), escaso carácter especiado y buena mineralidad.
La boca fluye, es sencilla aunque está muy bien hecha, no tiene madera y muestra una acidez más que notable. Los registros son similares a los ya observados.
Final largo y perfumado.
Una sauvignon blanc limpia y directa que en tres o cuatro años tendrá mucho más que decir.
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