Bajo las etiquetas de sus 'Añadas' nos encontramos los vinos más personales de Xulia. Son su forma de entender el Ribeiro expresada desde un punto de vista menos tradicional. Os explico, cada añada, Xulia se va guardando un depósito de mil litros de cada uno de sus ‘O Son do Arriero’ de base para hacer estas cousiñas. Y es que cada una de las etiquetas que lanza cada año son coupages (es decir, mezclas) de varias añadas diferentes, por lo que representan una media de 6 años de trabajo.
En este caso, este vino blanco es un guiso en el que cada añada (por separado) pasa por barrica nueva durante unos 15/20 días para, luego, dejarlas en depósito descansando hasta que venga ella a hacer sus mezclas y acabar embotellando la que más le guste.
Esta segunda cuvée que os comparte es una mezcla de 3 añadas en lugar de 4 (como en el caso anterior): 2017+2019+2021. Dan un vino que se abre mucho más mineral con recuerdos a granito mojado, tiza y petricor. Al oxigenarse le empieza a salir poco a poco toda esa concentración frutal (de nuevo albaricoques y claudias) arropada por la calidez de los tostados que denotan la corta crianza en madera. En boca es textura y verticalidad. Un vino que te llena el paladar con recuerdos a peras, mandarinas escarchadas y flores blancas.
Bajo las etiquetas de sus 'Añadas' nos encontramos los vinos más personales de Xulia. Son su forma de entender el Ribeiro expresada desde un punto de vista menos tradicional. Os explico, cada añada, Xulia se va guardando un depósito de mil litros de cada uno de sus ‘O Son do Arriero’ de base para hacer estas cousiñas. Y es que cada una de las etiquetas que lanza cada año son coupages (es decir, mezclas) de varias añadas diferentes, por lo que representan una media de 6 años de trabajo.
En este caso, este vino blanco es un guiso en el que cada añada (por separado) pasa por barrica nueva durante unos 15/20 días para, luego, dejarlas en depósito descansando hasta que venga ella a hacer sus mezclas y acabar embotellando la que más le guste.
Este primer blanco de Xulia que caté correspondía a la mezcla de las añadas 2016+2018+2020+2021: Se abre con una nariz hecha para competir con los grandes blancos del mundo clásico, donde fruta y madera bailan un vals nupcial (de hecho, lleva a pensar en grandes vinos Alemanes). Untuosidad, mineralidad, amplitud, sedosidad, concentración frutal (albaricoques, manzanas asadas, confitura de ciruelas claudias y peras maduras) con un tostado muy bien integrado que deja esos recuerdos a tofe y Werther’s Original. ¡Top! Y todavía tiene mucho recorrido por delante.
Dorado pálido con reflejos verdosos.
Buena intensidad. Fruta blanca, confitura de naranja, frutos secos, notas mentoladas, herbáceas y de flores blancas.
Buen ataque. Fresco, ligero, buena acidez. Amplitud media. Post-gusto medio a fruta blanca con notas florales.
No es lo que esperaría de un Ribeiro.
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