Es de un color amarillo dorado, límpido y brillante, con capa y unas densas lágrimas.
Es de un aroma meloso, se siente la fruta blanca madura con forma de manzana reineta, también hay fruta de hueso, albaricoque y níspero. Todo envuelto entre el flavor del roble, manzanilla seca, un toque de resina y una mineralidad clara y bien definida.
La entrada en boca es delicada y tierna, algo sedosa. En el paso medio sale un toque seco le dota de cierta entidad, la acidez tenue pero trabajadora, mueve el tacto cremoso y su volumen envolvente. Es un vino que te trae y te lleva, elegante, carnoso, buen peso frutal y una excelente crianza, que le dota de personalidad sin adueñarse del conjunto. Largo y placentero...
Escucho el tema Paraíso perdido de Geraldo Vianna y Toninho Horta. Déjate llevar por ambos...
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